martes, 24 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XVIII)




Si mencionamos este dato es por dos razones que tienen que ver con la Alhambra. La primera por que sin esas influencias Muhammad no hubiera podido llevar a cabo las grandes realizaciones a las que estaba destinado. En otras palabras: Sin el influjo meriní la Alhambra no sería lo que es. La segunda razón es llamar la atención sobre una cuestión importantísima para entender el arte andalusí y, especialmente, el nazarí que produjo la Alhambra: durante los ocho siglos de poder islámico en la Península, el flujo y reflujo de ideas, personas e influencias fue constante desde una a otra orilla. Y no sólo en el arte sino en todas las esferas imaginables. Además, esos intercambios se produjeron no sólo entre al Andalus y Marruecos, sino también entre el islam peninsular y otras muchas tierras musulmanas, especialmente del Magreb.



Retomando nuestro relato, el exilio de Muhammad V no duró mucho al recibir la notica que tanto esperaba. En la Península acababa de encontrar un valioso aliado, el más inesperado que se pueda imaginar: el rey castellano Pedro I, llamados por unos el cruel y por otros el justiciero. Éste debía ser ya su amigo antes del exilio, pues de lo contrario no le hubiera ayudado tan alegremente a recuperar en 1362 el trono de la Alhambra. Y a esa amistad no sería ajeno el hecho de que compartían un exquisito gusto, una gran afición por el arte y, seguramente, una mente poco convencional, capaz de asimilar nuevas ideas mejor que otros monarcas. 


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