viernes, 6 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (VII)



A sus dos primeros descendientes hay que atribuir la configuración urbanística de la medina. Muhammad II, hijo de Alhamar, continuó con las obras militares, al tiempo que daba los primeros pasos para planificar el universo arquitectónico que iba a brotar tras las murallas.  Pese a reinar casi 30 años, no se puede afirmar que su labor fuera titánica, algo comprensible, si se tiene en cuenta que, con el reino, el segundo emir heredó todos sus problemas. Sin embargo para él el principal quebradero de cabeza no fueron los castellanos, sino los Meriníes de Marruecos, a los que había pedido auxilio y que luego se volvieron contra él. 

Fez, capital de los Meriníes o Benimerines de Marruecos.
Al tiempo que trataba de conjurar esa presencia, que amenazaba con convertirse en una nueva invasión norteafricana, al estilo de las de los Almorávides y Almohades siglos antes, comenzó a trazar la espina dorsal de la medina. Ésta se conformaría, cómo no, alrededor de la hoy llamada calle Real Alta, bajo la que discurría la acequia construida por su padre, como ha demostrado una intervención arqueológica que puede verse en el Museo de la Alhambra. 

Calle Real Alta, en la actualidad. Fotografía de A. Amorós.

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