lunes, 2 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (III)



Para extraer el agua que se requería en tan magna empresa Alhamar fijó el lugar de su azud y su presa por encima de otros entramados hidráulicos que surtían ya a la ciudad de Granada. Sin duda, esa decisión debió despertar recelos entre los granadinos, máxime cuando nadie conocía al recién llegado, pero ¿quién hubiera osado oponerse a un proyecto real? Era preferible perder el agua a perder la vida.

El Albaicín desde la Alhambra. Fuente: http://www.guiasdegranada.com
Tras recorrer unos 600 metros por la margen derecha, mandó Alhamar que la acequia saltase al otro lado del río mediante un acueducto, ya a los pies del cerro del Sol, en el lugar llamado Molino del Rey. Una vez en la margen correcta, y como a mitad de camino, el trazado se divide en dos para conformar de un lado la Acequia menor del Tercio, por la cantidad de agua que lleva y que discurre hacia el este, extramuros de la Alhambra, y de otro la mayor, denominada del Generalife o de los Dos Tercios, que será la que finalmente entre en el recinto amurallado, seccionado dulcemente la Sabika.


Si esta división en dos acequias fue ya ideada por Muhammad I es un misterio, aunque ello resulta dudoso. Pensamos esto porque la Acequia del Tercio parece diseñada para surtir, básicamente, huertas y almunias situadas bastante a oriente del Generalife, como las de Alijares y Dar al Arusa, las cuales se sabe surgieron más tarde, a finales del siglo XIV. Por ello, aquí nos inclinamos a pensar que, en un primer momento, Alhamar sólo proyectó un ramal de agua, el mayor o de los Dos Tercios, porque su objetivo era surtir, como decíamos, a la Alcazaba y más tarde a la futura ciudad palatina. Aquél es el mismo que hoy atraviesa el famoso patio de la Acequia del Generalife y luego salva por un acueducto la cuesta de los Chinos para entrar finalmente en la Alhambra. En ese punto existe todavía la torre del Agua, así llamada porque su misión era proteger tan vital recurso, y que nos aventuramos a pensar que fue, ésta sí, obra el emir fundador de la dinastía nazarí. Del vigor de la acequia da fe el hecho de que todavía una parte de ella permanezca en uso.
Fotografía antigua de la torre del Agua.

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