martes, 29 de noviembre de 2016

Otoño en Corea (II)


Hay similitudes entre Corea y España que pasan desapercibidas pero están ahí. Por ejemplo, ambas naciones son penínsulas situadas en puntos estratégicos del Planeta. Una, la española, entre Europa y África. La otra, entre Japón y Asia. En consecuencia, han sufrido invasiones a lo largo de su historia que han marcado su carácter. Además, se hallan a la misma longitud (paralelo 37, la frontera más peligrosa del Mundo). En una determinada época, el siglo X, por ejemplo, en ambas naciones se produjo una edad de oro (nunca mejor dicho), porque ese metal afluía entonces hacia ambas naciones y propició su desarrollo. En ese periodo, en al Andalus (¿tengo que recordar que eso era España entonces?) el Califato de Córdoba era el territorio más desarrollado de Europa y uno de los más poderosos del Islam. Por la misma época, en Corea florecía el reino de Silla Unificado, un estado tan sofisticado como el cordobés y al igual que éste, propulsor de las artes, las ciencias y el conocimiento.
Alero, de un palacio de Shilla, con su dragón guardián.
Qibla de la mezquita cordobesa, contemporánea al palacio coreano.
Pero, con razón alguien pensará que estoy divagando. Y, además, esto es una crónica de un viaje a la Corea del siglo XXI. Pero eso no impide que encuentre las concomitancias que busco. Hay algo que, nada más llegar, me recordó a España: su gastronomía. Fue cuando, tras dejar el aeropuerto, hicimos parada en uno de los muchos restaurantes caseros del país. Allí pude degustar uno de los platos más típicos de Corea:  el sam gyop sal. Consiste en colocar sobre una hoja de lechuga o de otra verdura similar trozos de panceta a la plancha, un puñado de arroz, ajo frito y algún otro ingrediente, más un pellizco de crema picante llamada cuchu caru.

El Sam gyeop sal, bocaditos de carne y verdura en barcos de hojas de lechuga. Fuente: http://www.sbs.com.au/.

A primera vista, éste, como otros platos coreanos, resultarían extraños al paladar español. Para empezar, el cuchu o guindilla coreana se enseñorea de prácticamente todas las recetas y en España los platos picantes son escasos. Además, no hay aceite de oliva, ni pan, ni vino. Pero sí, arroz, aceite de sésamo o  de soja, soju (aguardiente suave de arroz) o makoli (vino de arroz).

Cuchu, polvo de guindilla. Fuente: http://elholandespicante.com.
He dicho que estos cambios chocarían a un español, aunque no tanto, creo yo, como si se enfrentase a una mesa de Centroeuropa, por ejemplo. Al contrario que en ciertos países europeos, de cocina pobre, tanto la gastronomía coreana como la española son muy variadas y dan gran importancia a las verduras. Eso no impide la presencia de todo tipo de pescados y carnes, preparados tanto en platos de cuchara como asados, fritos o a la plancha. Aunque la gastronomía coreana usa muchos más ingredientes, sobre todo verduras y tubérculos silvestres, algunos de los cuales crecen también aquí pero no se emplean. El nabo, por ejemplo, que en España es producto marginal, centra un buen número de recetas. Aunque en Corea, no gozan de las bondades de nuestro ínclito sofrito y de su ingrediente mágico: el pimentón.
El danmuji, rábano encurtido y azucarado. http://aquiyenlaquebradadelaji.blogspot.com.es.

Entonces ¿en qué quedamos, hay o no hay similitudes? Más de las que parece. En mi primera comida en este viaje, otra cosa me llamó la atención. Además del plato principal, toda comida coreana se acompaña con una serie de aperitivos, servidos en varios platitos, que pueden ir de simplemente 3 a 6 o más. Se podría decir que son una suerte de tapas, tanto por su tamaño como por su función de entremeses. 
Obsérvense las tapas coreanas.
En estos aperitivos hay carne o marisco pero predominan las verduras aliñadas, como el kimchi (plato insignia de la gastronomía coreana, a base de col fermentada, de extraordinarias cualidades para la salud).
Kinchi. Fuente: Wikipedia.


Los coreanos aman dos cosas, según creo, por encima de todo: una, los árboles, como decía antes, y dos, su comida. No es extraño que, frente a una mesa, los comensales coreanos se sienten frente a una docena o más de recetas diversas. Y siempre con el auxilio de un cuenco de arroz y una sopa (generalmente de tofu y verduras). 
A esta comida no voy a poder asistir. No tengo ropa adecuada.
Esta abundancia de platos puede degustarse, pero también ser apreciada por los otros sentidos: con el olfato, por supuesto, pero también con la vista, por su delicada presentación y profusión de colores. Es decir, una tentadora oferta procedente de una gastronomía tan variada y saludable como la nuestra mediterránea. ¿Quién le haría ascos a una caballa al horno fuese en Corea o en España?

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