domingo, 1 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (II)



En esta breve pero jugosa noticia queda bien claro que la prioridad de Alhamar era la construcción de un castillo o alcazaba. Sin duda deseaba sentirse suficientemente seguro, ya que en ese momento debía verse muy al descubierto ante la inevitable amenaza cristiana; y, para acelerar las obras, toma una decisión muy práctica: llevar agua desde el río, la fuente de suministro más próxima. En puridad, de la noticia sólo se puede extraer que su primer objetivo era llevar agua a la Alcazaba para que ésta estuviese lista antes de que finalizase el año.



Dice la noticia que Alhamar señaló él mismo “los cimientos del castillo”, que debían coincidir casi con exactitud con los de la antigua alcazaba zirí, cuyo perímetro se ceñía ya perfectamente a las condiciones naturales de la Sabika, en concreto a su extremo occidental que era y es una suerte de “punta de lanza” de una estructura defensiva de gran eficacia. Resulta imposible saber si fue el primer nazarí también quien inició el diseño de la ciudadela y fijó los límites de su amurallamiento.

Acequia real. Fuente: http://www.alhambra-patronato.es
Nada de eso aclara la noticia de Ibn Idari, quien continúa señalando que, tras dejar a alguien encargado de las obras militares, Alhamar ascendió por el río en busca del lugar adecuado para encauzar agua. Éste había de estar lo suficientemente alto para permitir que la fuerza de la gravedad la llevase hasta el punto deseado. Según todos los indicios, este lugar se fijó cerca de donde hoy está el cortijo de Jesús del Valle, a algo más de 6 kilómetros de la Alhambra. Allí mandó construir Muhammad una presa o azud, no sólo para desviar el agua, sino también para que ganara presión antes de su transporte a través de la bien llamada Acequia Real. Este simple encauzamiento se convertirá en hilo conductor de una gran aventura: dar vida a una colina salvaje y convertirla en algo más que un espacio domesticado: un lugar lo más parecido posible al Paraíso. Eso sí, un paraíso reservado para los monarcas nazaríes.

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