martes, 11 de marzo de 2014

Al Gazal: De Bizancio al País de los Vikingos (II)



Baños árabes de Jaén
Al Gazal había nacido en una fecha que no está clara (entre el 770 y el 773) en una alquería de Jaén que, según Ibn Hayyan, era muy conocida. Poco más se sabe de sus primeros años. Debió ser de condición social elevada, lo suficiente para poder trasladarse a Córdoba, vivir en la vecindad de un visir, llamado al Iskandarí, y empezar a flirtear con el poder. Viene muy al caso usar la palabra flirtear al hablar de este autor, al que apodaron al-Gazal, es decir la gacela, “por su hermosura, aunque otros dicen que por la clara mirada, hermosa figura y gráciles movimientos”, aunque probablemente fuera por todo ello. Pero también Ibn Hayyán dice de él: “Junto a su brillante educación, era un sabio variado, abundante, capaz de frivolizar al  hablar, chistoso, profundo, donoso en sus noticias”. Por tanto, cabe pensar que al Gazal gozó de otros atractivos, aparte de su natural belleza.
Estatua de Abderrahmán I, que reinaba al nacer al Gazal.
Al intentar saber algo de sus primeros años, llama la atención la escasez de noticias que tenemos de él antes de los cuarenta y tantos años, la época en que empezó a gozar de influencia. Durante el reinado del primer emir andalusí, Abderrahmán I, el emigrado que escapó de la matanza de toda su familia en Damasco, al Gazal era demasiado joven; no así ya durante el breve gobierno de Hisam I, quien, por cierto, no debía tener demasiado sentido del humor cuando dejó sin ojos y sin lengua al poeta satírico Abu-l-Majsí. Poco o nada sabemos de sus actividades, poéticas o no, en la corte de este emir; algo más conocemos de su relación con al Hakam I, que ha pasado a la historia por llenar de sangre los arrabales de Córdoba en 818. Al Gazal le dedicó varios panegíricos, y eso no parece que le sirviera para obtener un puesto de privilegio, aunque, eso sí, ya figuraba en la nómina de poetas-astrólogos; se encumbró por fin en la corte de Abderrahmán II, pasando a ser uno de sus poetas favoritos pero con quien, como veremos, tuvo no obstante sus más y sus menos; finalmente, su fama, como su vida, fue apagándose en tiempos del emir Muhammed I, que, por edad, podía ser su bisnieto. 


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