martes, 1 de julio de 2014

Fulano y Mengano (1963)


Con este nombre, posiblemente muchos crean estar ante un bodrio de la peor especie, una suerte de antecedente de las películas de Mariano Ozores con Pajares y Esteso. Nada que ver con eso. Esta pequeña joyita del cine español se podría equiparar más bien al cine de Mario Monicelli (en concreto a Rufufú y su secuela). Como en éstas la miseria que a la que se enfrentaban y se enfrentan ahora muchos ciudadanos desclasados es tratada con respeto y ternura, para darnos a entender que los pobres también tienen su dignidad, pese a que muchos se empeñen en negársela.
La historia narra las peripecias de dos ex convictos, unidos antes en la cárcel por la desgracia de haber sido ambos condenados injustamente. Al salir, como no encuentran forma de hallar trabajo, se dedican a robar del modo más chapucero. Finalmente, a la pareja se une una joven pueblerina, entablándose entre ellos una relación donde todos cuidan de todos. 
A primera vista, parece un argumento insulso que podría derivar en una moraleja paternalista, como tantas otras de esa época. Sin embargo, el excelente guión, donde se alternan bien los momentos dramáticos con otros de depurada ironía, nos lleva hacia algo bien distinto. Y esto es que las personas orilladas por la sociedad  pueden, con esfuerzo, recuperar su dignidad mediante lo único que les queda: el apoyo mutuo, que no es otra cosa que solidaridad.
A destacar el excelente trabajo interpretativo de los dos protagonistas, Juanjo Menéndez y José Isbert (éste último sencillamente genial, como siempre), ayudados por el ingenioso guión que perfila perfectamente sus personalidades contrapuestas pero no opuestas. La chica, interpretada por Julia Martínez (famosa años después por La casa de los Martínez) demuestra también una buena dosis de talento y recuerda, en cierto modo, a las primeras interpretaciones de Claudia Cardinale (en las citadas películas de Monicelli).
La película, se puede descargar en el siguiente enlace de la web Largo 00 y Danky:
http://largo00ydanky.blogspot.com.es/2013/08/fulano-y-mengano-1959satripcomedia1fich.html


Para finalizar una pequeña reflexión que viene al caso. Cada vez estoy más convencido de que el cine español actual es muy deficiente (con sus muchas excepciones) en comparación con el que se hacía hace 50 años o más. Es algo que afecta también, aunque en menor medida, a otras cinematografías europeas, como la italiana o la francesa. La razón puede esta en lo que ya apuntaba Luis García Berlanga hace años. Antes, para bien o para mal, había una industria consolidada y, sobre todo, había mejores ideas y me atrevo a decir que mucho mejores actores. ¿Dónde estan el Pepe Isbert o el Berlanga de hoy? Además, no existía esa obsesión por trasplantar aquí los éxitos que nos llegan de fuera y sí una decidida  voluntad de crear una cinematografía con idiosincrasia propia. Por supuesto, estaba la censura, pero siempre había alguna manera de saltársela para despistar al censor. Bastaba, como muy bien hacía Berlanga, con introducir algún guiño argumental nacionalcatólico o darle vuelo a algún personaje tramontano, tan del gusto del régimen de entonces.  Desde ese momento, el guión obtenía la bendición oficial y podía conservar entre líneas su otra lectura sutilmente crítica. En cambio ahora, lo que más falta hace es precisamente aquella imaginación. A la falta de ideas se une el pésimo trabajo de los directores, que arrastran en su desidia a los actores, de forma que ver una película española actual es arriesgarse a sufrir aburrimiento y hasta a sentir vergüenza ajena. No es de extrañar que sea así si pensamos que el cine actual (tal vez de forma inevitable) es un organismo subvencionado desde hace demasiado tiempo. Habrá quien crea que hago una crítica devastadora, pero se trata de una opinión personal y tengo derecho a expresarla, sobre todo porque los propios profesionales del medio son incapaces, parece, de asumir la imperiosa necesidad que tiene nuestra cinematografía de reinventarse, tal vez volviendo a las raíces. Por el contrario, sin el más mínimo asomo de autocrítica, desvían el problema hacia otros asuntos, como la crisis de las salas de cine o la progresiva merma de subvenciones, que también cuentan, pero no son la raíz verdadera de problema.

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