domingo, 16 de marzo de 2014

Al Gazal: De Bizancio al País de los Vikingos (VI)



Cuando al Gazal y su compañero al Munayqilah regresaron a al Andalus lo hicieron “contentos y honrados y hallaron a sus familias sanas y salvas”, relata el Muqtabis II. Una vez de nuevo en Córdoba, no tardará el poeta en tener que acometer una nueva tormenta, esta vez por causa de una denuncia. Resultó que un visir, ávido  de las  joyas que al Gazal había conseguido para sí, le pidió un collar de perlas que le regalara la emperatriz de Bizancio. Al Gazal alegó para no contentarlo que el collar  se había roto y había tenido que repartir las perlas sueltas entre sus hijas. El visir, llamado Abdelaziz ben Hasim, no le creyó y para vengarse presionó al emir Abderrahmán para que castigara una operación fraudulenta en que había incurrido el poeta en la administración de los silos reales: resulta que un año de mala cosecha, vendió el cereal del  sultán a un precio desorbitado y, al  año siguiente, cuando el trigo fue abundante, restituyó el grano vendido a los silos reales embolsándose el  beneficio. Enterado el emir de la operación, encarceló al que poco antes tan bien le había servido; no para castigarlo por haberse lucrado a costa del hambre de sus súbditos, sino porque no había consentido devolverle las ganancias que consideraba legítimamente suyas. Para él no había nada ilegal en aquella operación, como atestiguan estos versos escritos desde la celda:

Favor nos hizo Dios cuando
no se perdió el depósito;
si recibiste de mí lo justo
no exijas ganancia, ni codicies.


Esta anécdota que delata cómo al Gazal se dejó arrastrar por la codicia (por cierto que no era la primera vez) contrasta con la valiente oposición que el poeta hizo contra los alfaquíes. Es sabido que en al Andalus, como en otros países islámicos, muchos de estos poderosos juristas islámicos se han enriquecido, y siguen enriqueciéndose, gracias a sus conocimientos. “No encuentras alfaquí que no sea rico/Me gustaría saber cómo se enriquecen”, dijo una vez nuestro literato. Tampoco se libraba de sus críticas la política, como deja bien claro el poema titulado El walí:

Me dijo el cadí pidiéndome consejo
Acerca de un hombre aparentemente justo
Al que habían nombrado walí:
“Qué crees tú que hará?”
Y le contesté:
“¿Qué hacen los abejorros con las abejas?
Picotean sus colmenas, se comen la miel
¡Y luego dejan el resto para las moscas!.

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