lunes, 17 de marzo de 2014

Al Gazal: De Bizancio al País de los Vikingos (VII)




Una personalidad fuerte la de al Gazal, pero sobre todo segura de sí  misma, dispuesta en todo momento a defender su derecho a disentir con el poder, incluso ante su propio soberano, con un lenguaje irónico, mordaz, inteligente. Esta librepensamiento se fraguó en él seguramente a partir de su exilio en Bagdad. Allí tuvo que tomar contacto con los modernistas que seguían la estética creada por Abu Nuwás, cuyos versos seguramente ya conocía, y empaparse de ese espíritu ilustrado y  racionalista que también generó, durante un breve periodo de tiempo, la corriente filosófica del Mutazilismo, partidaria del libre albedrío, frente al determinismo a ultranza de los alfaquíes.


La habilidad y el saber estar de este hombre pesaban ante el sultán más que su enconada rebeldía. Por eso Abderrahmán decidió acudir una vez más  a él para pedirle que encabezara una nueva embajada, esta vez al País de los Normados. Pero, antes de comenzar este relato, debe aclararse que existen dudas de que la aventura de al Gazal en el Norte sea cierta. Prestigiosos historiadores como Lévi-Provençal o Huici Miranda la consideran sólo un mito creado en el siglo XII por el cronista andalusí Ibn  Dihya en su Mutrib, a partir de una leyenda popular. No le faltan argumentos a quienes dudan de esta historia, sobre todo por la gran cantidad de concomitancias que mantiene este viaje con el que hizo al Gazal a Bizancio. Sin embargo, estudios recientes, como los de A. El Hajjí y D. W. Allen, que traducen y analizan el  relato de Ibn Dihya, tomando en cuenta los detalles más originales, en algún caso bastante insólitos, no dejan de tener su parte de razón al afirmar que existe una base histórica.

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