viernes, 21 de marzo de 2014

Al Gazal: De Bizancio al País de los Vikingos (X)



Cuando la reina Nud se apercibe de este cambio le pregunta dolorida por qué ese cierto desdén. Al Gazal le es sincero entonces, alegando que no quiere despertar los celos de su honorable anfitrión. Al escuchar su  respuesta, la reina no puede menos de echar a reír y contesta: “No hay semejante cosa en nuestras costumbres y los celos no existen entre nosotros. Nuestras mujeres están con sus maridos sólo por propia voluntad. Una mujer permanece con su marido mientras éste les resulta agradable, pero lo abandona si ha dejado de agradarle”. No se puede negar que sorprende encontrar en una crónica musulmana una frase como ésta, que no sería capaz de hacer suya ni la feminista más atrevida hoy en día. Y sin  embargo, coincide con lo que señala, por ejemplo, Federico Engels, quien en su ensayo “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” asegura que en tiempos de los vikingos el recuerdo del matriarcado aún seguía vivo. A este respecto muchas sociedades actuales, incluida la occidental, tendrían que aprender bastante sobre el respeto que demostraban a sus mujeres aquellos rudos guerreros, que tan a bien llevaban lo de ostentar cuernos sobre sus cascos.
Fotograma de la serie televisiva "Vikingos".
Alguna otra anécdota diferencia la historia de Normandía de la de Bizancio. Por ejemplo, aquélla que refiere al momento en que la, nos imaginamos, joven y voluptuosa primera dama vikinga le sugirió a su admirado huésped que se tiñera las canas para parecer más joven. La respuesta, en forma de versos, no pudo ser más perspicaz: 

¡No desprecies el  destello del pelo blanco!
Es la flor del entendimiento y la inteligencia.
Tengo lo que ansías en la juventud,
Elegancia en las maneras y educación.

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