sábado, 1 de marzo de 2014

Que el hombre descienda hasta el mono (teoría patafísica)



Disculpen la pregunta pero se hace cada vez más necesario hacerla, dado el grado de estulticia al que estamos llegando: ¿es el ser humano la cumbre de la evolución, como siempre se ha predicado, o, por el contrario sólo es un patético error, un desliz de la Naturaleza, por el cual ésta se mostró tan consentidora como una madre que malcría a su último hijo para forjar un monstruo? Sin atrevernos a pronunciarnos por falta de pruebas (nadie podría afirmar que estaba allí cuando surgió el homo sapiens), los hechos demuestran que cualquier otra especie, incluidas cyanobacterias y paramecios, plantas carnívoras  batracios caribeños o el singular ornitorringo, tiene claro cuál es su papel en la cadena trófica menos el Hombre, un ser básicamente entrometido y destructivo. Tanto que, si un prodigio no lo remedia, terminaremos por provocar una nueva extinción en masa y lo haremos en un tiempo récord, en menos que la Tierra 
tarda en largarse un erupto.


Para no ser muy taxativos, afirmaremos que el Hombre no es exactamente un error sino sólo una disfuncionalidad biológica. Teniendo en cuenta nuestro escaso recorrido como especie (nos referimos en concreto al homo sapiens sapiens o de Cromagnon), apenas 200.000 años desde que surgió nuestro primer ancestro en algún lugar de África, se nos podría considerar en realidad un tallito en el gran arbol de la Vida, un retoño que ha crecido torcido y poseso de un extraño virus destructor ya en su primer año pero al que se le podría enderezar si se le obligase a ello. Desde ese punto de vista no todo estaría perdido si se tomasen las medidas oportunas. No estamos hablando de inducir a todos los seres humanos al suicidio en masa mediante la implantación de una nueva religión apocalíptica; ni de provocar una “hecathombre” (la nuclear sería la más factible), sino de buscar una total autoregeneración que reconduzca los pasos de nuestra especie por una senda más respetuosa y, sobre todo, menos suicida. Es decir, empezar a pensar cómo vivir, en verdad y no sólo como lo vende la publicidad o la propaganda política, en perfecta armonía con la naturaleza y sin dar por saco continuamente a otros seres vivos.
Pero, ¿cómo se podría lograr esto? Es difícil saberlo, pero la respuesta podría estar en un experimento de ciencia infusa patafísica sustentado en el estudio de otras especies para así aprehender de sus sabias y calladas enseñanzas. Podríamos pensar que los mejores modelos serían los insectos sociales (abejas, hormigas, pulgones….) o mejor mamíferos sociales como la rata topo. También cabría emular a cetáceos de notoria inteligencia, como los delfines, cuya etología se basa en el apoyo mutuo y con unas capacidades comunicativas aún por descubrir. Sin embargo no será necesario que nos crezcan antenas o que nuestros cuerpos se vuelvan oblongos y escurridizos para llevar a cabo este experimento. Todo resultará mucho más simple si descendemos apenas un par de pasos en nuestra rama evolutiva para llegar al momento preciso en que aún no nos habíamos separado de los monos, es decir de los grandes primates. Dado que compartimos con ellos casi el 99 por ciento del material genético se podría decir que, teniendo en cuenta la escala evolutiva, son como primos hermanos 
nuestros, si no medio hermanos.

Pero volviendo a nuestra hipótesis: ¿Sería posible intentar regresar al punto de partida en el que un grupo de primates algo díscolos dejaron de serlo para degenerar en eso que llamamos especie humana? Y, lo que es más importante, ¿sería posible hacerlo no de forma imaginada o recreada sino real, intentando dejar de ser humanos y volver a ser monos para así trascender las limitaciones de la ciencia al uso? Ni más ni menos que ésa es la pretensión de un grupo de etólogos patafísicos que, iluminados por la premisa de que para regresar a su estado natural “el hombre ha de descender hasta el mono (y no del mono)”, han puesto en marcha un subversivo experimento. Ni que decir tiene que ninguno de estos investigadores, quienes no desean revelar su identidad por lo revolucionario del intento, cuenta con la aquiescencia de entidad académica o científica que se precie, con la honrosa excepción del Institutum Pataphysicum Granatensis (IPG), que les apoya moralmente ante la imposibilidad de hacerlo dinerariamente.
El tal experimento ya se encuentra muy avanzado y consiste en tratar de hallar los lazos de unión que tenemos con la especie de primates considerada más cercana al hombre, que no es otra que la de los bonobos (pan paniscus), también llamados chimpancés pigmeos, por su gran parecido con ese otro animal (pan troglodytes). La razón de que se halla elegido a los primeros y no a estos últimos se explicará a continuación. Pese a compartir bonobos y chimpancés una carga genética prácticamente idéntica (del 99,6 por ciento) demuestran muy diferente comportamiento. Como los humanos los chimpancés sufren frecuentes accesos de violencia y practican con cierta asiduidad el asesinato entre individuos de su misma especie, habiéndose constatado igualmente la práctica del canibalismo, comportamientos todos ellos decididamente deplorables a erradicar. Por su parte, los bonobos actúan de modo muy diferente, hasta el punto de que podrían ser considerados los mayores pacifistas de la historia evolutiva. Trabajos de campo han demostrado que esta especie tiene como premisa básica en sus relaciones sociales aquello de “haz el amor y no la guerra”, eficiente recurso que les capacita para aliviar toda clase de tensiones. Así, es natural que  cuando dos machos se enzarzan en una discusión sea habitual que una hembra medie entre ellos ofreciéndose sexualmente al más agresivo, para así calmar sus ansias destructivas mediante ese siempre saludable ejercicio que es el fornicio. Igualmente, es frecuente que el sexo se use como moneda de cambio para obtener alimentos y, en general, para entablar relaciones más armoniosas. Además, los estudios de campo revelan que los bonobos demuestran una gran imaginación a la hora de practicar sexo, de modo que no se les escapa ninguna de las variaciones que se pueda imaginar, lo mismo de carácter heterosexual que homosexual, incluido el sexo entre adolescentes y ancianos y hasta el sexo entre familiares, con la excepción del acto maternofilial, profilasis lógica para evitar la insana endogamia.

Sin palabras.

Otra característica no menos reseñable de esta especie es su organización matriarcal, de modo que el peso de las hembras prevalece en las decisiones de mayor importancia para el grupo. Y ello debido a la mayor cohesión que demuestran éstas frente a los machos. Se ha observado que, mientras los machos no establecen entre ellos vínculos especialmente firmes, las hembras son una verdadera piña. Por ejemplo, reaccionan todas a una ante un intento de agresión de un macho. Cuando esto ocurre, una de ellas suele ofrecérsele para aliviar su frustración y todo queda en un buen polvo. Por último, se trata de una especie básicamente frugívora que apenas come carne, si no son insectos o algún pequeño animal, lo cual (y en esto no hay unanimindad entre los especialistas) podría explicar en parte su natural pacifismo, que los emparenta con los hippies más recalcitrantes.
Una vez observado el comportamiento de los bonobos, los científicos patrocinados moralmente por el IPG han pasado a la segunda fase de su experimento, que no es sino, convirtiéndose en cobayas de sí mismos, intentar aprender de los bonobos sobre el terreno para así abrir una nueva senda para la raza humana. Así, desde hace unos días, ocho investigadores, cuatro hombre y cuatro mujeres, permanecen en las densas selvas del África Central, en la margen sur del río Congo, hábitat natural del pan paniscus. Allí pretenden convivir completamente desnudos con una comunidad de bonobos para emularlos en todo, en especial en el fundamental aspecto sexual, para lo cual han realizado concienzudos ensayos en un local especialmente habilitado en el Barrio Rojo de Amsterdam. 


Una de las investigadoras, durante una simulación en Amsterdam.
Se alimentarán y en general imitarán en todo a sus modelos, permitiéndoseles sólo un recurso ajeno a la cultura bonobo: el uso de sustancias alucinógenas como presunto vehículo de empatía entre ambas especies.
Hasta el momento lo único que ha trascendido de este histórico experimento es la notoria habilidad que han adquirido los primates a la hora no ya de fumar porros sino incluso de elaborarlos, habiendo fabricado uno de ellos un canuto de dieciséis papeles. 
El bonobo en cuestión.

Del otro lado, resulta especialmente llamativa la afición a mediar en los conflictos de una de las investigadores, de nombre en clave Hildegard y nórdica para más señas, si bien se sospecha que todo puede ser fruto de una imparable reacción hormonal por el brusco cambio de latitud a que se ha visto sometida.
Estos y otros datos poco concluyentes resultan insuficientes para valorar la iniciativa, que puede convertirse tanto en un estripitoso fracaso, dado la endémica tendencia humana a joderlo todo, como en un rotundo triunfo (tal como deseamos), teniendo en cuenta la audacia, entrega abosulta y fiabilidad de los científicos implicados en ella. Será cuestión de seguir atentamente esta ecuménica experiencia de absoluto acercamiento entre estas dos especies que se hallan una de otra a menos que se come uno un plátano.


Una foto de última hora: Tres de las investigadoras, con Hildegart a la derecha congenia con el bonobo Huhú.

domingo, 26 de enero de 2014

Manuales de autoengaño


“No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación” 
(Aldous Huxley)

Los manuales de autoayuda son uno de los más florecientes negocios de la industria editorial. Médicos, psicólogos, celebridades, gurús salidos de la nada, charlatanes y hasta algún filósofo (o falso filósofo) escriben libros de este tipo con "consejas" llenas de obviedades ("hay que ver el lado positivo de la vida" o "lucha por tus sueños" o "con persistencia y fe se logra todo") cómodas premisas (cargadas de subliminalidad) para quien, en un momento dado, no sabe qué hacer con su vida. Siempre he huido de ellos, convencido que sólo uno por su propia cuenta puede dar con la solución para los atascos vitales (en eso soy un poco zen), que el sentido del humor es bueno para superar los amargos tragos de todos los días, si bien no es suficiente, que se puede luchar sin perder los papeles, pero que en modo alguno la solución es rendirse por no armar un escándalo y, sobre todo, que la panacea no es mirarse el propio ombligo. 

Fuente: http://jiroyliderazgo.wordpress.com

Sin embargo, pese a huir como gato escaldado de estos superventas (algunos incluso más que el libro de la Belén Esteban) no puedo evitar tropezar de tanto en tanto con ellos. Es lo que me ocurrió el otro día, cuando fui a comprar a la tienda de un amigo, un buen amigo y también una buena persona, como sabe todo el que lo conoce. Mientras hacía mi pedido descubrí sobre el mostrador un libro con un calendario que hacía las veces de separador de páginas. La portada estaba boca abajo y no podía ver el título. Satisfecho de que mi amigo aprovechara el tiempo libre para leer, le pregunté sobre el libro y el me mostró la portada. No puedo recordar ni el título ni el autor, soy muy malo para los nombres, pero era, desde luego un manual de autoayuda que, eso sí lo recuerdo, iba ya por su 16ª edición. 
Intentando evitar mi cara de asco y mintiendo por no resultar incómodo, le dije que libros así me parecían bien, siempre que no redundaran en la idea de "sé feliz yendo a lo tuyo sin preocuparte, en el fondo, de los demás", a lo que él respondió que más o menos la cosa era así, pero que no le parecía tan mal. Luego, con fervor discipular, me dijo que el libro se sustentaba sobre la idea básica de que lo verdaderamente importante es luchar por la felicidad en tu familia y, aún más crucial, saber comer, beber y vestir bien, y que todo lo demás, incluido el trabajo, son zarandajas al lado de esos sencillos pero sacrosantos mandamientos. Y añadió, desde luego de forma harto ingenua: "Si no te gusta tu trabajo, simplemente déjalo y busca otro". Toma ya epicureismo de pandereta. Yo, por supuesto, le repliqué que eso no es tan fácil, mucho menos en estos tiempos de crisis. Y que, por supuesto, no estaba de acuerdo en ceñir la vida a unas premisas que no dudo sean útiles pero que resultan insuficientes, porque en modo alguno resuelven asuntos comunes de gran calado. Y añadí que, a mí parecer, y esto es lo más grave, no sólo no los resuelven sino que ahuyentan nuestra responsabilidad y capacidad de acción para hacerlo y que esa actitud tan cómoda no iba a impedir que volviésemos a enfrentarnos a esos problemas más adelante y cuando se hubiesen convertido en algo irreparable.


Pero, intentando "ser positivo", se me ocurre que yo también podría, dado que estoy parado, escribir uno con frases como "sé consciente del lugar que ocupas y trata de adaptarte pero no de acomodarte" o "lucha por tus derechos sin pisotear los de los demás" o "no te fíes de la publicidad ni de las campañas electorales, porque suelen mentir" y otras muchas capulladas al estilo de estos libros más de autoengaño que de autoayuda. La pregunta es si alguien (por supuesto una editorial importante) me lo publicaría. Y la respuesta, aquí no me puedo engañar, es que ello sería muy dudoso porque esta magna obra, que podría llevarme a la fama y sacarme de la miseria, no soportaría la censura previa de los editores, porque frases tan punzantes aunque igualmente vacuas serian un obstáculo para vender miles de ejemplares y también, todo hay que decirlo, porque los ingenuos que los consumen hallarían en ellas algo del desasosiego del que huyen y no la autocomplacencia masturbatoria que buscan, como vieja beata que reza por un milagro. Es probable que, como repiten incesantemente estos manuales, quien logra su propia felicidad puede contagiarla a los demás. Puede. Lo cierto es que a quien de verdad le hacen un gran favor es al charlatán que los escribe y sobre todo a los poderosos que ahora mismo se ríen por lo bajo de nuestra pasividad y estupidez de borregos. Conste que hablo en plural. Ah, y trnaquilos. no pienso escribir ningún manual de autoayuda. Tengo, como se habrá notad, demasiados escrúpulos.


miércoles, 22 de enero de 2014

Crónica de la presentación de "Cuentos engranados" de Carolina Molina


Hemos llegado, el esfuerzo ha sido grande pero hemos culminado con éxito la primera etapa, la edición y presentación de "Cuentos engranados". Ahora sólo falta lo más difícil. dar a conocer al máximo de personas esta obra solidaria para que todo no se quede en la que fue una estupenda fiesta que todos recordaremos.A continuación, reproduzco la cariñosa crónica escrita por Carolina Molina bajo la que late su profundo amor por Granada, eso que la ha llevado a estar, en los últimos meses, mucho más en esta ciudad (vía email) que en Madrid. Gracias, querida amiga, por ser tan buena compañera de trabajo. Tenía que decirlo.


Presentadores del acto, de derecha a izquierda: Antonio Enrique, Antonio López-Barajas, Carolina Molina y Jesus Cano.


El pasado 20 de enero presentamos CUENTOS ENGRANADOS, la antología solidaria en la que participan 55 autores que ceden sus derechos al Banco de Alimentos de Granada. Tuvo lugar en la Biblioteca de Andalucía, uno de los emplazamientos más agradables de la ciudad y en donde he participado en los últimos años coincidiendo en diferentes actos. El personal de la Biblioteca inspira confianza y desborda gentileza, te hacen sentir bien y segura, nada falla cuando ellos están al mando. Quizás por eso la presentación de CUENTOS ENGRANADOS tenía ya demasiadas ventajas para cumplir sus objetivos.


La antología, que hemos coordinado con mucho mimo Jesús Cano y yo desde abril de 2013, no ha estado exenta de contratiempos y  de dificultades, la mayoría debido a su novedoso formato digital que ha puesto a prueba a la editorial Transbooks.
Desde hace varios años tenía gran interés por hacer una macro antología en donde se diera voz a un gran número de escritores que fueran habituales del género del cuento.  Jesús Cano, a través de la editorial Transbooks me dio esa oportunidad. Y aunque cierto es que fui la inspiradora de la antología, Jesus Cano le dio forma, luchó por ella dedicándole muchas tardes a su corrección y propuso en primer lugar donar sus derechos al Banco de Alimentos de Granada, que yo no conocía.
Lo que se inició como un proyecto dudoso en unos cuantos emails finalmente tomó forma. De 25 autores iniciales llegamos a 55. Todos y cada uno de ellos se entusiasmaron con colaborar en un proyecto solidario y esto demuestra una vez más que los escritores son generosos. Un gremio que ha sido diezmado a lo largo de los siglos por editoriales, gobiernos, agentes y publicidad engañosa, sabe muy bien que se tiene que luchar con la palabra y eso han hecho, ofrecer lo que mejor saben hacer, que es escribir.
Somos conscientes de que no están todos los que son. Unos no llegaron a tiempo, otros se encontraban de viaje, la mayoría inmersos en dificultosas actividades literarias pero la gran mayoría se encuentra aquí, en CUENTOS ENGRANADOS.

Algunos de los autores asistentes.
No fue difícil decidir a quién habríamos de dedicarle el texto. En marzo de 2013 nos dejaba el más veterano y querido de los cuentistas españoles: Medardo Fraile. Él me cedió su cuento antes de fallecer para otra antología y quiso el destino que finalmente fuera para esta, con un proyecto social que a él le hubiera gustado y para una ciudad a la que recordaba con mucho cariño.
En la presentación del día 20 de enero tuvimos una acogida magnífica. La Sala Val del Omar, que ya es imponente, dejó muy pocos sitios vacíos. En el estrado nos sentamos Antonio Enrique, el prologuista; Antonio López-Barajas, el presidente de la Fundación Bancos de Alimentos de Granada; Jesús Cano en representación de la editorial Transbooks y coordinador de la antología. A mí me correspondió hacer de maestra de ceremonias, abrir el acto, controlar los turnos y pasar la palabra, hasta la despedida.
Antonio López-Barajas nos aseguró que todo lo que se recaude tendrá su destino en su fundación y de eso no tuvimos ninguna duda. Los voluntarios que en la puerta se encontraban vendiendo las tarjetas de descarga (que equivalían a los libros) eran de una exultante amabilidad, una simpatía arrolladora y un entusiasmo conmovedor. Allí todos sabíamos que el poco o mucho dinero que recaudáramos estaría muy bien custodiado.
La explicación que dio Jesús Cano sobre la forma de comprar la antología a través de la propia editorial Transbooks o las plataformas iTunes y Amazón, fue lo suficientemente esclarecedora. Me gustó particularmente esa novedad, me supongo que ideada también por Transbooks, de entregar una tarjeta ( casi un librito de dos páginas) con la información completa de la antología, nombres de autores, código para descarga y finalmente un recuadro en blanco para ser firmado por cualquiera de los autores. ¿Quién ha dicho que los libros digitales no pueden venderse en actos o librerías? ¿O que no pueden ser autografiados  por el autor?
No puedo dejar de pensar en que se ha hecho historia en Granada, se ha ofrecido algo totalmente innovador y que puede revolucionar (ahora sí) nuestro mundo literario.


Portada de la ebookcard o tarjeta de descarga.
Me sorprendió gratamente, que la mayoría de los asistentes eran lectores de edad, presuntamente poco familiarizados con las nuevas tecnologías pero no por ello menos comprometidos con una causa que entendieron justa y fueron ellos, precisamente, los que se acercaron a comprar su tarjeta, colaborando con los 4.5 euros que se donaban.
No obstante, sé que hubo lectores que echaron de menos el tradicional formato en papel. A esos les pediremos paciencia, quizás no dentro de mucho podremos complacerles.
Antonio Enrique, prologuista de CUENTOS ENGRANADOS fue el alma del encuentro. Consiguió ganarse al público asistente con gran habilidad y propinó bellas y sentidas palabras a la antología, que a mí me parecieron sinceras y agradezco sobremanera. Recalcó que no recordaba una antología tan amplia, de tantos autores, en la ciudad de Granada y lo corroboró Francisco Gil Craviotto, quizás el más veterano de los cuentistas participantes.
CUENTOS ENGRANADOS tuvo un acto vibrante, participativo y dinámico. Tras los correspondientes discursos de la mesa se pasó la palabra a los autores quienes nos hablaron brevemente, de su cuento. Alberto Granados, Carlos Almira, Celia Correa, Francisco Gil Craviotto, Jesús Cano, Miguel Arnas, Brígida Gallego-Coín y unos simpáticos Miguel Ángel Moleón y Jorge Fernandez Bustos que nos hicieron reír.


Jorge Fernández Bustos

Celia Correa
Angelina Lamelas
Angelina Lamelas nos habló de su original narración inspirada en un suceso parisino y nos conmovió recordando la figura de Medardo Fraile, aún dolorosa en sus pupilas y que estuvo con nosotros, no desde su Escocia ni desde su Madrid natal, sino desde ese lugar al que van los escritores únicos e inmortales.
Ayer nos engranamos todos con la esperanza de no haber terminado un trabajo de hace muchos meses, sino de comenzar algo que ha de perdurar. Veremos cómo sembrar la semilla en otras localidades, recordando el lema de Federico: “Medio pan y un libro”.


miércoles, 15 de enero de 2014

Literatura solidaria contra la crisis


Bajo el título “Cuentos engranados” se presenta el próximo 20 de enero, lunes, en la Biblioteca de Andalucía, un libro singular en muchos aspectos. Singular, primero porque reúne nada menos que a 55 autores, entre los que figuran algunos de los mejores especialistas del género corto en lengua española; segundo porque es una obra solidaria, dado que el total de ventas del libro irá destinado al Banco de Alimentos y finalmente porque se presenta como libro electrónico y no de papel y, como tal, trae algunas e interesantes novedades.




La antología, que saca a la luz la editorial digital granadina Transbooks, recoge relatos de autores granadinos o vinculados, de algún modo, a la ciudad de la Alhambra. El común deseo de todos sus promotores es contribuir a paliar la grave situación que viven muchos granadinos en estos tiempos de crisis ante el desamparo de las autoridades. Y ello de la mejor y única manera que saben: escribiendo.  Los narradores participantes son, por orden alfabético, Alberto Granados, Alfonso Cost, Alfonso Salazar, Ana María Shua, Ana Morilla, Andrés Neuman, Ángel Olgoso, Angélica Morales, Angelina Lamelas, Antonina Rodrigo, Ayes Tortosa, Brígida Gallego-Coín, Carlos Almira Picazo, Carolina Molina, Celia Correa Góngora, Concha Casas, David Aliaga, David Roas, David Vivancos, Elena Casero, Elvira Cámara, Espido Freire, Fernando de Villena, Francisco Gil Craviotto, Francisco Morales Lomas, Francisco Ortiz, Ginés S. Cutillas, Herminia Luque, Herminia Pérez, Javier Morales, Jesús Cano, Jorge Fernández Bustos, José Abad, José Lupiáñez, José María Pérez Zúñiga, José Vicente Pascual, Juan Cobos Wilkins, Juan Herrezuelo, Juan Jacinto Muñoz Rengal, Julia Olivares, Julia Otxoa, Lola Vicente, Manu Espada, Manuel Talens, Mariano Zurdo, Mariluz Escribano Pueo, Medardo Fraile, Miguel Ángel Cáliz, Miguel Ángel Moleón, Miguel Ángel Zapata Carreño, Miguel Arnas, Miguel Sanfeliu, Norberto Luis Romero, Raúl Ariza y Rosana Alonso La coordinación de la obra ha estado a cargo de los escritores Carolina Molina y Jesús Cano, mientras que Antonio Enrique se ha encargado de redactar un más que interesante prólogo.

Presentación
Estos tres nombres, junto con el presidente del Banco de Alimentos, Antonio López-Barajas, presentarán la antología el próximo día 20 de enero, lunes, en el salón de actos de la Biblioteca de Andalucía de Granada, calle Profesor Sainz Cantero 7. Pero está previsto que intervengan algunos de los autores presentes, dado el interés de los promotores en poner no sólo nombre y apellidos sino también rostro humano a este acto solidario.
Durante la presentación se venderán ejemplares de la obra, pese a ser un libro digital. Ello será posible gracias a unas tarjetas  con las que bastan un código y una contraseña par que el comprador pueda descargar fácilmente el libro tanto en sus dispositivos de lectura, como en su ordenador o smartphone. La obra se presenta en formatos mobi y epub, los más comunes en el mercado, así como en una versión PDF. El precio de la obra, de 281 páginas, será de 4,5 euros. Para adquir el libro on line, visitar la siguiente dirección: http://transversales.es/transversal/TransBooks/TransBooks/Publicaciones/Entradas/2013/12/13_Cuentos_Engranados.html

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Intenciones
Esta antología de relatos nace con una doble intención: la primera, el deseo de los más de 50 autores que participan de contribuir, en la medida de lo posible, a paliar la terrible situación de desamparo que sufren muchas personas en nuestra ciudad y su provincia, una de las más castigadas por el desempleo. De esta edición digital, el Banco de Alimentos obtendrá aproximadamente el 70 por ciento de las ventas, es decir lo que ceden lo mismo autores que editorial, descontando del total únicamente el coste que supone poner el libro a la venta en Internet. 
Tal generosidad puede resultar paradójica dado el escaso rendimiento que se deviene de escribir y los muchos sinsabores que conlleva. Pero no se trata de un acto de caridad mal entendida sino de pura solidaridad. Gracias a estas palabra, además de comprar alimentos se espera también dar un toque de atención sobre la necesidad de cambiar la desastrosa inercia a la que nos ha abocado la crisis, según la cual la prioridad de los poderes públicos no es auxiliar a los débiles, como sería su obligación, sino a los más fuertes. No deberían ser nlos escritores y otros ciudadanos, empresas y asociaciones quienes salieran al paso de la miseria sino las diferentes administraciones que se arrogan como representantes de la voluntad popular.
De otro lado, esta antología nace del interés común tanto de Carolina Molina (que sembró la semilla de esta antología) como de la editorial Transbooks de aunar en un volumen, y con Granada al fondo, a algunos de los mejores escritores del género corto que hay actualmente en España, tanto granadinos como foráneos.
Se ha pretendido, pues, con esta antología, tomar el pulso literario, tanto a la ciudad de Granada como al genero cuentístico; y hacerlo con medio pan y un libro, tal como pedía otro granadino, Federico García Lorca. Sin más pretensiones.

viernes, 25 de octubre de 2013

rEvolución, con re minúscula



Las cosas están de tal modo que, en el momento actual, fines de 2013, la sociedad parece abocada a una revolución, como respuesta desesperada al desamparo por parte del Estado, la corrupción indisimulada y el despotismo de las mafias económicas. En España ya debía haber estallado pero, por causas aún sin dilucidar, está retardándose esta respuesta. Sin embargo, el caldo de cultivo revolucionario está servido: las colas del paro nunca han sido tan largas, en la calles los contenedores son supermercados para los miserables, gente perdida que para “emplear” su tiempo deglute, como único consuelo, televisión basura. Eso quien tiene casa, porque son cada vez más los desahuciados, cientos de miles de familias algunas de las cuales quedan directamente en la calle o debajo de un puente, como Carpanta.

Imagen: Fer. Fuente: http://cat.bloctum.com

No se sabe si los poderes inoperantes e imperantes, los ocultos y los visibles, saben de este peligro, pero es más que presumible que sí, en cuyo caso estarían preparados para ahogar por la fuerza cualquier levantamiento, cual niño inocente, antes de que se convierta en algo grande. Sí, es más que probable que, como vulgares ladrones, vayan por delante preparando la siguiente trampa. La historia dice que casi siempre gana la sinrazón de la violencia, pero a veces no es posible detener el huracán, sobre todo cuando, como ahora, el hambre campa a sus anchas. Entonces acontece eso que llamamos revolución.
La palabra revolución da pánico a la gente bienpensante. En el subconsciente colectivo, se equipara revolución con sangre, tiranía, decapitaciones, salvajismo…. más que con libertad, igualdad, fraternidad e imperio de todos y no de unos cuantos. Sí, la revolución da miedo pero lo cierto que sólo cuando el miedo desaparece, porque ya se ha pedido todo, estallan las verdaderas revoluciones,
Y eso, que grandes masas humanas lo pierdan todo, ha sucedido desde tiempos remotos y es por eso que las revoluciones aparecen desde que existen las desigualdades sociales. En el Paleolítico, al parecer y para mejor sobrevivir, existían fuertes lazos de solidaridad entre los diferentes grupos humanos, generalmente clanes familiares de unas decenas de individuos. Todo era de todos e imperaba eso que los antropólogos llaman “comunismo primitivo”. Al parecer esto cambió cuando el hombre se hizo sedentario definitivamente, momento en que la actividad humana se volvió más compleja y diversificada, con la incorporación de la agricultura y la ganadería y otros descubrimientos que sacaron a la especie humana de la inercia de la edad de piedra hace apenas unos miles de años. En los primeros núcleos de población permanente podía acumularse alimento sobrante y otras riquezas que los cazadores recolectores paleolíticos ni podían ni sabían conservar. Además, cambio fundamental, apareció la propiedad privada, eso que Pierre Joseph Proudhon consideraba "un robo". De este modo se abrió la caja de Pandora de la desigualdad. La propiedad de todos comenzó a ser administrado no por el común sino por una élite político religiosa, encabezada por reyezuelos bendecidos por sacerdotes. Cuando las diferencias sociales aparecieron, la humanidad se entregó a eso que llaman gobierno, sin sospechar que dicha institución, supuestamente defensora del interés común, en realidad sólo favorece a unos cuantos privilegiados apegados al poder. Y así hemos continuado hasta ahora, sin que apenas unas cuantas revoluciones, primero triunfantes y a la postre fallidas presas de sus propias contradicciones, hayan enturbiado ese orden que niega que todo hombre, y no sólo unos cuantos, pueda ser dueño de su destino.
Para justificarse y consolidarse, todo poder, lo mismo ahora que siempre, se ha esforzado no en bien gobernar sino en aparentar que lo hacía. La principal obsesión de los gobernantes no ha sido dar a cada cual el menú que necesita, sino proporcionarle un plato único a base de engaños más o menos complicados, sustentados sobre mecanismos ideológicos cuyo fin último es simplemente mantener la calma social y evitar revueltas y revoluciones. Los ingredientes más usados de esta bazofia provienen de la religión o el nacionalismo aderezados siempre con un buen puñado de circo. La última incorporación ha sido la publicidad, arma de destrucción pasiva, (la mejor lavadora de conciencias del mercado, señores), que ha demostrado ser mas astuta que su madre, la propaganda. Ese potaje ideológico es como la zanahoria con la que se hace andar al borrico. Pero incluso las más sofisticadas estratagemas también fallan o simplemente se vuelven insostenibles, tal que el estado del bienestar de las últimas décadas. Entonces, los poderosos se atreven incluso a retirarle la zanahoria a las nobles bestias que gobiernan. Es lo que está aconteciendo ya en España, Grecia. Italia, Portugal, Irlanda y otros muchos países con los sangrantes recortes.


Muy bien, pongamos que, por esta osadía de los poderosos, la cosa va tan a peor que termina por estallar una de esas revoluciones que no se puede parar ni sacando al Ejército de sus imperiales catacumbas. Pongamos que la gente está tan desesperada que pierde el miedo de verdad; pongamos que los levantamientos populares se consolidan y triunfan sin derramar demasiada sangre (como sucedió al inicio de la Revolución Francesa) y da comienzo un nuevo orden.
Si así fuese, las probabilidades matemáticas de que la tal revolución acabase en dictadura serían muy altas, simplemente porque casi siempre sucede así. Pero ¿por qué tal fatalidad? Quizás porque, a la hora de replantearse su futuro en colectividad, el hombre ha demostrado siempre poca imaginación y la historia se repite una y otra vez. Así, tras toda revolución, invariablemente el poder recae en manos de unos pocos a las primeras de cambio. Y también invariablemente, esos líderes suelen arrogarse enseguida del mando absoluto. Investida de una especie de mesianismo político, la nueva élite toma decisiones que afectan a millones de personas sin miedo a equivocarse y sin medir demasiado bien las consecuencias de tales decisiones. Muy a menudo todo el poder revolucionario recae en un loco de atar. Es sabido que los delirios políticos de Mao o Stalin dieron lugar a planificaciones garrafales que causaron decenas de millones de personas. Puede que alguien piense que ése es un caso extremo; estoy de acuerdo. Pero eso no obsta para afirmar que el poder corrompe siempre, sea cual sea la ideología sobre la que se sustente. Y si es así es sencillamente porque recae en pocas personas. Es decir, el poder total o el espejismo de éste, como un anillo del mal, hace que todo el que lo posee se vuelva siervo de oscuras fuerzas. Y esto, por unas u otras circunstancias, tarda poco en suceder, incluso si ese poder dimana de una revolución bienintencionada. En este momento, quizás sea oportuno acudir a la etimología. Una de las acepciones de la palabra revolución es “movimiento circular”, es decir, trayectoria que regresa al punto de origen, algo que, como se viene diciendo, se repite una y otra vez a lo largo de la historia cuando se intenta cambiar el orden de ésta. La pregunta es: ¿cómo salir de ese círculo vicioso?

Fuente: http://wiserblog.wordpress.com/
Volviendo a nuestra hipótesis, ¿qué ocurriría si triunfase, dentro de un tiempo, una nueva revolución y cuál sería la forma de escapar a esa condena? La solución podría ser muy sencilla y, a la vez, muy complicada. La clave estaría en no entregar todo el poder a unos cuantos. Eso se lograría atomizándolo al máximo y con una nueva (de verdad) organización política donde se primase la horizontalidad en todos los órdenes. Suena utópico, pero debería partirse de que el hombre, cada hombre, merece y debe participar activamente en las decisiones políticas que le afectan. Pero ello sería muy complicado manteniendo los grandes estados de hoy. Como alternativa, habría que crear pequeños núcleos de población capaces de autogestionarse en todos los ámbitos o de, llegado el caso, decidir, en confederación, sobre todos los asuntos generales. En esta estructura, una suerte de malla política donde todos los nudos estuviesen interrelacionados, cada ciudadano estaría obligado, por el bien común, a decidir siempre sobre cualquier aspecto de su vida y su futuro y, llegado el caso, a ejecutar las decisiones tomadas por las asambleas. Y esta nueva forma de “gobernar”, o sería mejor decir ejecutar las decisiones comunes, en ningún caso sería una oportunidad de medrar (tal como sucede ahora) sino un simple servicio a la comunidad que reportaría si acaso honores pero nunca dividendos. Pero, para ello, como se viene diciendo, habría que pulverizar el poder, junto al antiguo orden, y repartir sus granos de arena entre todos, para que cada cual guardase como oro en paño su ínfima parte.

Imagen: Emory Douglas.
No parece tarea fácil, es de reconocer, pero no ha de considerarse imposible por la simple razón de que no ha sido probada jamás. Los breves experimentos que han ido en esta dirección, como las colectivizaciones de la Barcelona de los primeros meses de la Guerra Civil, han resultado finalmente fallidos porque se les ha estrangulado en la cuna. Pero, supongamos que, casi por milagro, la sociedad se decidiese a caminar hacia una utopía de este tipo, aunque sea por mera supervivencia, que el sueño igualitario comenzase a cristalizar gracias al apoyo de la educación (una educación mucho más audaz, desde luego), a unos principios no demasiado diferentes a las promulgados por los revolucionarios en 1789 (aún perfectamente válidos en esencia) y sobre todo, a una nueva mentalidad basada en la conservación del entorno y no en su destrucción sistemática, como ahora. Suponiendo que deseásemos, en un impulso casi unánime, cambiar de verdad hacia un orden justo e igualitario estaríamos no en el principio de una revolución sino ante un fenómeno mucho más audaz. Y la palabra para calificar ese cambio no sería revolución sino rEvolución, con r minúscula y E mayúscula, donde la r, en una suerte de proceso evolutivo, quedaría como apéndice inservible destinado a desprenderse tarde o temprano, para dar paso a la gran palabra: EVOLUCIÓN. Porque de eso, a fin de cuentas, estaríamos hablando, de Evolución social, política, mental…. Evolución, en todos los sentidos, para sobrevivir a nuestro principal enemigo, o sea, a nosotros mismos. Como diría Charles Darwin, la cuestión sería adaptarse o morir.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XXIV)




No resulta fácil explicar los motivos de estas endémicas y sanguinarias trifulcas por el poder que purgaron una y otra vez a la aristocracia nazarí y debieron desesperar a sus aplicados habitantes. Éstos, madrugadores campesinos, laboriosos artesanos y hábiles comerciantes, verdaderos autores de, seguramente, la mejor economía de Europa en ese momento, debieron pensar que estaban trabajando para una partida de locos. Locos, no obstante, a los que no cabía replicar porque, espada en mano, eran capaces de firmar una breve tregua para reprimir cualquier rebelión que se presentase, sofocada la cual seguirían luchando como diablos entre sí. Tal vez el motivo de tanta sangre derramada fuese, nada más y nada menos, que el soberano placer de ser dueños de la Alhambra, un lugar en el que se podía tocar con los dedos el Paraíso.


martes, 1 de octubre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XXIII)



De regreso a nuestro relato histórico-urbanístico, tras las realizaciones del mayor constructor de la Alhambra, ésta quedó prácticamente completada y no sufriría transformaciones de calado hasta la llegada de los cristianos. Sólo otros dos sultanes realizaron, que se sepa, obras dignas de mención y, desde luego, nada originales. A finales del siglo XIV o principios del XV erigió la torre vivienda de las Infantas el sultán Muhammad VII, en un estilo clásico pero algo más rudo que la vecina torre de la Cautiva.

Torre de las Infantas, grabado de F. J. Parcerisa. Recuerdos y Bellezas de España. 1833.

Años más tarde, su sucesor, Yusuf III, reformó el palacio que lleva su nombre que, como hemos dicho, es atribuible a Muhammad III. Además pudo intervenir en una nueva reforma del lado sur del palacio del Generalife. En ese momento, la decadencia, no sólo política sino también artística, del reino nazarí era patente.
Las décadas siguientes, hasta la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492, se convertirán en una lenta agonía donde el mayor problema del reino serán las luchas intestinas. Éstas, que siempre habían existido, ahora se recrudecen de forma brutal. Más que nunca, la Alhambra tenía a sus peores enemigos no fuera sino en su interior y, por lo mismo, era un lugar verdaderamente inseguro. 


Alhambra inadvertida: Al borde del Extasis

Sueño, fantasía, visión maravillosa, belleza indescriptible... son algunas de las palabras que pueden pasar por la mente de quien contempla,...