miércoles, 25 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XIX)



Tanto es así que Pedro I, sin duda fascinado por el arte andalusí, decidió, tan sólo dos años después de ayudar a Muhammad, construir para sí un palacio al estilo de la Alhambra en lo que hoy son los Reales Alcázares de Sevilla. Para ello contó con la inestimable ayuda de artesanos llegados desde Granada. 

Patio del yeso, del Real Alcázar sevillano. 
Lo curioso del caso es que, muy poco más tarde, ese influjo regresó de vuelta a la Alhambra y así casi todos los especialistas consideran que la influencia cristiana en las realizaciones de Muhammad V es patente, en especial en su obra cumbre: el Palacio de los Leones. 
Esta empatía entre un rey cristiano y otro musulmán, sumada a otros muchos datos objetivos extraíbles de los anales medievales, desmitifica bastante la famosa Reconquista cristiana, rimbombante idea que aún resuena en los libros de historia. De hecho, en los dos siglos y medio largos que duró el emirato nazarí fueron más los periodos de paz que los de guerra entre cristianos y musulmanes. Y eso pese a que en ese momento Castilla parecía más empecinada que nunca por acabar con su enemigo secular. 

Un cristiano y un musulmán juegan al ajedrez en lugar de hacerse la guerra.

martes, 24 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XVIII)




Si mencionamos este dato es por dos razones que tienen que ver con la Alhambra. La primera por que sin esas influencias Muhammad no hubiera podido llevar a cabo las grandes realizaciones a las que estaba destinado. En otras palabras: Sin el influjo meriní la Alhambra no sería lo que es. La segunda razón es llamar la atención sobre una cuestión importantísima para entender el arte andalusí y, especialmente, el nazarí que produjo la Alhambra: durante los ocho siglos de poder islámico en la Península, el flujo y reflujo de ideas, personas e influencias fue constante desde una a otra orilla. Y no sólo en el arte sino en todas las esferas imaginables. Además, esos intercambios se produjeron no sólo entre al Andalus y Marruecos, sino también entre el islam peninsular y otras muchas tierras musulmanas, especialmente del Magreb.



Retomando nuestro relato, el exilio de Muhammad V no duró mucho al recibir la notica que tanto esperaba. En la Península acababa de encontrar un valioso aliado, el más inesperado que se pueda imaginar: el rey castellano Pedro I, llamados por unos el cruel y por otros el justiciero. Éste debía ser ya su amigo antes del exilio, pues de lo contrario no le hubiera ayudado tan alegremente a recuperar en 1362 el trono de la Alhambra. Y a esa amistad no sería ajeno el hecho de que compartían un exquisito gusto, una gran afición por el arte y, seguramente, una mente poco convencional, capaz de asimilar nuevas ideas mejor que otros monarcas. 


viernes, 20 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XVII)



Sin duda, la labor de este sultán hubiera sido más importante, de no haber muerto con sólo 36 años en 1354, asesinado por “un demente”, mientras oraba en la mezquita aljama de Granada, según cuenta Ibn al Jatib, quien fue su visir. A su muerte, asumió el trono su hijo Muhammad V con tan sólo 16 años, llamado a ser el mayor y, al mismo tiempo, el más audaz constructor de la Alhambra. 


Para empezar completó el palacio de Comares, iniciado por su padre pero obra suya si se exceptúa la gran torre y parte de la sala de la Barca. También remodeló la medina alhambreña y la puerta del Vino que da paso a ésta, colocando su nombre en la fachada, pese a que el arco había sido levantado décadas antes por Muhammad III. Asimismo se piensa que pudo empezar, siendo aún adolescente, el palacio de los Leones, en concreto la sala de las Dos hermanas, presuntamente para colocar en ella su trono real. Y poco más pudo hacer porque, con sólo 21 años, su hermanastro Ismaíl le arrebató el poder en 1359. Gracias a la ayuda de Ibn al Jatib, Muhammad V consiguió huir a la corte de Fez, en Marruecos, donde, según parece, estudió con gran interés las grandes construcciones meriníes levantadas unos años antes. 

Panorámica de Fez, refugio de Muhammad Ven el exilio. Fuente: http://www.fez.net

jueves, 19 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XVI)



Para finalizar, y sólo a modo de hipótesis, Yusuf I podría haber actuado en algún sentido sobre la red hidráulica de la Alhambra. Por ejemplo, ordenando trazar la Acequia del Tercio para aumentar notablemente la zona irrigable e incluso para abastecer barrios de Granada ubicados al sur de la Sabika, como el de Alfajarín, que coincidía más o menos con el Realejo. 

Vista parcial del Realejo, antiguo arrabal de Alfajarín. Fuente: http://granadabackpackers.es
En su reinado, ya hemos hablado de ello, el emirato sufrió pérdidas territoriales considerables a lo largo de toda su frontera. Aunque la emigración hacia Granada fue constante durante toda la etapa nazarí, tanto de mudéjares procedentes de territorio cristiano como de refugiados granadinos de la zona fronteriza, en época de este emir el problema debió agudizarse por tan especiales circunstancias. Siguiendo con nuestra hipótesis, Yusuf, quien ya demostró gran sentido práctico al construir las dos puertas de la muralla sur, pudo prever perfectamente otro problema que se le venía encima:  una falta de abastecimiento no sólo para la Alhambra, sino para toda la ciudad. La llegada masiva de refugiados y las razzias cristianas en la Vega pudieron comprometer seriamente los suministros de su corte. Al crear una nueva acequia el área irrigada de la Sabika aumentaría mucho, con lo que mejoraría su capacidad de autoabastecimiento notablemente, sobre todo si se producía un eventual asedio cristiano.

Acequia Real. Fuente: http://www.alhambra-patronato.es

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XV)



Pero, además, Yusuf I se mostró muy preocupado por reforzar las murallas de la Alhambra, con intervenciones decisivas. Por ejemplo, en la Alcazaba construyó la torre Quebrada, sobre la estructura de un viejo torreón zirí. 

Puerta de la Justicia en una recreación pictórica decimonónica.
Pero se preocupó, especialmente, por reforzar el perímetro amurallado. Así, creó dos de sus puertas en el lienzo sur: la de la Justicia, llamada entonces Bab al Sharía o puerta de la Explanada, por celebrarse torneos y demostraciones militares frente a ella; y la puerta de los Siete Suelos, denominada en tiempos nazaríes Bab al Gudur o puerta de los Pozos, al éste de aquélla, y que daba acceso al barrio artesano. Estas dos nuevas puertas respondían a la necesidad evidente de crear sendas entradas a la ciudadela por el lado meridional. Hasta entonces, sólo era posible acceder a la Alhambra por las dos puertas septentrionales: la de las Armas, en la Alcazaba, si se iba en dirección a los palacios, o la del Arrabal, aneja a la torre de los Picos, si la dirección era la medina alhambreña. Asimismo, creó las torres del Cadí y de la Cautiva en el lienzo norte, ésta última una calahorra, o torre palacio delicadísima que expresa a la perfección el clasicismo del arte nazarí.

Fotografía antigua de la torre de la Cautiva y su fastuoso interior.

martes, 17 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XIV)


Palacio de Comares, con la famosa torre al fondo, obra de Yusuf I.

Por lo que respecta a la Alhambra, la labor de Yusuf I fue ingente. Su obra más conocida es el inicio de la construcción del palacio de Comares, probablemente sobre la base de un recinto anterior. A éste pudo pertenecer la vieja torre que transformó en otra más grande, de hecho la más impresionante de la Alhambra, y en cuyo interior creó el fastuoso salón de Embajadores, uno de los emblemas del monumento. 


Ya dijimos algo de su función simbólica en un artículo anterior, pero este tema merecería un trabajo aparte. Además, incorporó el Mexuar y los dos patios anejos a aquel conjunto palaciego, así como el único baño que queda en la Alhambra, llamado por esa razón de Comares (4). También en la zona de los palacios construyó el delicado oratorio que hay a la derecha del Partal, dotado de espectaculares panorámicas del otro lado del Darro.

El oratorio, al fondo, del palacio del Partal. Fuente: ideal.es
(4) Hoy se sabe que todos los palacios, incluidos el de los Leones o el Partal, contaban con baño propio, pero el de Comares es el único que se conserva, más allá de sus cimientos. Este baño fue construido por Ismaíl I pero su aspecto actual se debe a las remodelaciones obradas por su hijo, Yusuf I.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XIII)



Con Yusuf I se inicia la etapa más trepidante, desde el punto de vista constructivo, para el monumento nazarí. Yusuf I, erudito y protector de las ciencias y las artes, siempre buscó la paz, cosa harto difícil teniendo enfrente a uno de los reyes castellanos más belicosos: Alfonso XI. Pese a su inferioridad militar, se enfrentó valientemente a su enemigo cuando fue necesario, pero no pudo evitar perder a manos de éste Algeciras y otras plazas claves como Alcalá la Real, tras lo cual pudo sellar una prolongada tregua. 

Alfonso XI, gran rival de Yusuf I.
Luego, cuando su rival volvió a mostrarle los dientes, la suerte vino a auxiliarle: Alfonso XI falleció en 1350 en el sitio de Gibraltar, víctima de la peste bubónica. Además, esta epidemia, la peor quizás sufrida jamás por la Humanidad, no sólo acabó con su enemigo sino que dejó tan malparados a todos los contendientes en liza que forzó una nueva paz, muy bien aprovechada por el sultán nazarí para volcarse en su labor constructora y protectora de la cultura. Por ejemplo, en Granada fundó una madraza, o universidad islámica, de la que se conservan algunos restos en un caserón cristiano que pertenece a la Universidad de Granada.

Sala de oración de la Madraza granadina.

Alhambra inadvertida: Al borde del Extasis

Sueño, fantasía, visión maravillosa, belleza indescriptible... son algunas de las palabras que pueden pasar por la mente de quien contempla,...