martes, 17 de enero de 2017

Otoño en Corea (XXII)


Sobre uno de los puentes que cruza en río Han.
Sobre la orilla izquierda del río Han se alza una colina rematada por una torre granítica, que luce una cruz como diadema. Se trata del Santuario de los Mártires de Jeoldusan, o mártires decapitados. Mi esposa me aclara que es un lugar erigido en honor a los primeros sacerdotes que comenzaron a evangelizar Corea a mitad del siglo XVIII. Ya sabía que el Cristianismo está muy extendido en ese país, lo que ignoraba era su historia. Una visita a este lugar me permitirá hacer averiguaciones.
Tras las empinadas escaleras (aquí todos los templos parecen tenerlas) se accede a una plaza dedicada a san Jorge, aunque en el emblema aparece la cruz de Santiago (?). Se nota a la legua que es una construcción de factura relativamente reciente (los años 60). Sin embargo la historia de este lugar comenzó dos siglos y medio atrás y fue escrita con sangre del patíbulo.

Medallón del san Andrés coreano. Como el otro, lo pasó bastante mal en la cruz

La llegada de jesuitas (franceses fundamentalmente) procedentes de Japón, desencadenó una severísima respuesta del poder establecido. Los reyes Joseon no podían permitir interferencias a sus códigos oficiales, fueran éstos religiosos o sociales. Y los jesuitas los estaban desafiando. Para segar de raíz la amenaza, ejecutaron públicamente a más de un centenar de aquellos pioneros católicos, al igual que hicieran en su día césares como Nerón o Domiciano. En Jeoldosan se rinde un continuo homenaje a aquella sangría. Quizás porque, como todo buen martirio recordable, resultó al final un triunfo para las víctimas. 
...y después le cortaron la cabeza. Fuente: https://instanonymous.com
El magnífico jardín (cuántos de éstos hay en Corea) está sembrado de monolitos y esculturas alusivas. Hay una que se recrea en el patíbulo sangrante, sobre el que reposa una desproporcionada cimitarra. Otra representa víctimas sufriendo las torturas previas a la ejecución. Pero, como ya he dicho, los católicos terminaron por establecerse y hacerse un hueco en la sociedad coreana, siempre por sus propios medios y sin demasiado apego al sistema y sus valedores. Eso todavía hoy les reporta fama de progresistas y antisistema.

Quienes sí que acabaron tomándole cariño al poder fueron los protestantes. Estos llegaron después, en la primera mitad del siglo XIX y en su mayoría desde Estados Unidos. Y tuvieron mucho más éxito que los católicos. De hecho, los protestantes casi triplican a los fieles de Roma.
Mi esposa cree que el éxito de los protestantes frente a los católicos se debe a dos factores. El primero es que encontraron bastante trabajo hecho, como el hermano menor que aprovecha el camino abierto por su hermano mayor. La segunda causa, según Miryang, es que los predicadores americanos disponían de una técnica depurada de conversión, capaz de llegar, con sus encendidas arengas, a lo más profundo del cerebelo. Y yo añadiría un tercer factor: la frecuente convergencia de intereses de los jerarcas protestantes y los gobiernos de turno, algo que no hicieron los católicos.

Una de las miles de templos protestantes de Seúl, con sus característicos neones. Fuente: http://protestantedigital.com. 


La cuestión es que el cristianismo, sobre todo a partir de la caída de la monarquía en 1910, ha logrado asentarse con fuerza en Corea. Y que, sumados protestantes y católicos (éstos últimos en pleno auge actualmente), ya acumulan más devotos que los budistas, religión tradicional en el país durante siglos. Aunque para tradicional, el animismo coreano, creencia ancestral oficiada por chamanes, en su mayoría mujeres. Y ésta sí que me parece una religión interesante.


Una mudang o chaman coreana.

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