viernes, 13 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XII)



La creación de la Rawda dotaba a la Alhambra de un espacio de gran carga simbólica. No sólo era el lugar destinado a albergar los restos mortales de los reyes, sino también pomposas ceremonias, cargadas de simbolismo, dado que estaba situado entre la mezquita y los palacios, un  espacio, de algún modo, entre lo humano y lo divino, un punto de partida para que el alma alcanzase la vida eterna.

Cúpula de la torre de la Rawda, donde se supone se colocaban los cadáveres reales antes de ser inhumados. Fuente: http://porlascallesdegranada.blogspot.com.es

No fue ésta la única realización de Ismaíl, a quien también se atribuyen las líneas esenciales del Mexuar, que surgió junto a los dos patios erigidos anteriormente por Muhammad III. Además, este rey, rigorista en lo religioso y muy belicista en lo político, conmemoró su importante victoria de la Vega sobre los cristianos (1319) modificando el ala norte del Generalife, a la que dotó de una torre mirador, con resonancias áulicas, que anticipa, del algún modo, el diseño y la intención utilizados posteriormente por su hijo y sucesor Yusuf I en la torre de Comares. 

Patio de la Acequia en el Geaneralife. Fuente: www.generailfe.info.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (XI)



La última piedra para completar este entramado urbano la puso Ismaíl I, el quinto sultán, que inauguró una nueva línea dinástica, pues descendía de una rama colateral de los Nazaríes. En efecto Ismaíl era nieto de Muhammad II pero no hijo de Muhammad III, sino de la hermana de éste, Fátima. Aludimos a esta cuestión, un tanto farragosa, porque a Ismaíl se atribuye la construcción de la Rawda, o cementerio real, que terminó de configurar la estructura urbana.

Emplazamiento del cementerio real, hoy apenas cimientos. Foto: http://fin-de-semana.org
Todo indica que esta construcción, situada junto a la calle Real Baja, entre la mezquita y la zona palaciega, fue erigida para legitimar, de algún modo, el trasvase dinástico. En efecto, se conservan algunas de las lápidas funerarias reales, entre las que figura no sólo la del propio Ismaíl, sino también las de su abuelo, Muhammad II, de quien se consideraba sucesor, y las de su hijo y heredero, Yusuf I. En cambio se sabe que sus otros antecesores en el trono, Muhammad I y Muhammad III, fueron inhumados extramuros de la Alhambra, en un antiguo cementerio llamado de la Sabika. Las teorías más fehacientes, apoyándose en Ibn al Jatib (3), aventuran que Ismaíl colocó bajo la qubba central de la Rawda el cadáver de su abuelo y luego reservó dos espacios para él mismo y su inmediato sucesor.



Detalle de una de las pinturas de la sala de los Reyes, llamada así precisamente por  este lienzo de cuero.


(3) El conocido visir e historiador recuerda unas décadas más tarde que Muhammad Il “fue enterrado en una tumba aislada en el panteón de sus antepasados, al este de la mezquita real, en los jardines contiguos a la casa real. El segundo que fue enterrado en aquel lugar fue su nieto el sultán Abu l-Walid (Ismaíl) y después un tercer noble de su posteridad, es decir, el sultán Abu l-Hayyay (Yusuf I), biznieto suyo (de Muhammad II)”.  Nótese que, según Ibn al Jatib, tras Muhammad II, fue inhumado su nieto ismaíl, pero no su hijo, Muhammad III ni el hermano de éste y sucesor, Nasr, que no pertenecían a la misma rama de Ismaíl. La ausencia de las lápidas de aquéllos en la Rawda confirmaría las palabras del visir y polígrafo granadina. Para más detalles, ver Ibn al Jatib: Al Lamha al badriyya fi dawla al nasriyya, traducción de José Casciaro Ramírez, Historia de los Reyes de la Alhambra, Granada, 1988, p. 88.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (X)



De vuelta a la medina, cabe señalar finalmente que Muhammad III se encargó de sentar las bases del barrio artesano y comercial situado unos metros al sur del palacio del parador de san Francisco, dotándole de calles, tiendas, baños y tal vez de alguna industria artesanal, como unas tenerías para curtir pieles, de las que existen vestigios en la zona hoy llamada del Secano.

Palacio de El partal, con su conocida alberca. Fuente: http://www.buscounviaje.com
Sin duda este rey era una personalidad interesante. Aparte de configurar la ciudadela, Muhammad III también construyó su propio palacio, el hoy llamado del Partal, donde mandó disponer, en la torre que remata el Pórtico, llamada de las Damas, un observatorio astronómico. Muhammad III era muy aficionado a la Astronomía, como lo era a otras ciencias, y protegió a artistas y sabios que llegaban a su corte en busca de mecenazgo.
 
Techumbre del observatorio astronómico del Partal, creado por Muhammad III, hoy en un museo berli´nes.

De este modo, Muhammad III, pese a su corto reinado (1302-1309) que no careció de dificultades políticas y terminó con su destronamiento a manos de su hermano Nasr, supo  dejar sentadas las bases de la ciudad palatina, cuya estructura variaría ya muy poco. Al oeste, la zona militar representada por la Alcazaba, al norte el área palaciega apegada a la muralla de ese lado y al este y al sur, una medina destinada tanto a residencia, como a tareas administrativas, comerciales e industriales.

martes, 10 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (IX)



El tercer emir nazarí, mucho más activo que su padre, puede ser considerado uno de los grandes artífices de la Alhambra. Su labor fue más oscura que la de Yusuf I y Muhammad V, autores de los palacios de Comares y los Leones, respectivamente, pero resultó igualmente decisiva. Sobre el esqueleto urbano que dejó su padre, Muhammad III inició una gran labor urbanizadora. Consolidó la plaza de distribución, creando dos patios anejos al futuro palacio de Comares: el de la Mezquita, llamado así por contener un pequeño templo musulmán, y el de Machuca, por el nombre del arquitecto cristiano que lo ocupó tras la conquista. El objetivo de estos espacios será servir de vestíbulo a los granadinos que subían a la Alhambra para realizar gestiones. Además, se le atribuyen las piezas fundamentales de la medina.

Puerta del Vino.
Aparte de comunicar ésta con la explanada de distribución, levantó la Puerta del Vino cuyas funciones no eran defensivas sino de entrada al área plebeya, a través de la calle Real Baja. Al cruzar esta puerta se desembocaba entonces en una plaza ritual o sharía, centrada alrededor de la mezquita mayor de la Alhambra, que también edificó él y ubicada donde actualmente se alza la iglesia de santa María de la Alhambra. En esta explanada se llevaba a cabo la oración multitudinaria del viernes, dirigida por el sultán. Aneja a la mezquita mayor levantó unos baños públicos, todavía hoy conservados en parte y llamados del Polinario, y un palacio unido a éstos. Algo más arriba, edificó, al parecer, un nuevo palacio, algunos de cuyos vestigios se conservan en el parador de san Francisco y que también ha sido denominado del Príncipe. Característico de este recinto es que su alberca central es atravesada por la acequia real que unos metros más arriba quedaba remansada por otra alberca que servía para regular su caudal. También la acequia real cruzaba, y todavía cruza hoy, como ya dijimos, la alberca sobre la que se centra el Generalife.

Parador de san Francisco, con la acequia real atravesando el estanque. Foto. J. M. Azcona.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (VIII)



Además, Muhammad II debió crear otra calle, paralela a la anterior, que conducía hacia la zona palaciega, aún por configurar. A ésta se le ha llamado Calle Real Baja y, aparte de su función de comunicación, servía para diferenciar, cercada como estaba por sendos muros, la medina, o área plebeya, de la zona palatina o noble. Posiblemente también trazó una gran plaza a espaldas de la Alcazaba, que habría de servir de centro de distribución urbanística, pudiendo desde ella tomarse diversas direcciones. 

El mal llamado Palacio de Yusuf III, en realidad obra de Muhammad II, por encima del Partal.
Asímismo, todas las investigaciones apuntan a que levantó el palacio situado en la zona alta del Partal, del que sólo restan los cimientos y que es erróneamente conocido como de Yusuf III, por una intervención posterior de este sultán del siglo XV. Hay autores que también le atribuyen otro conjunto palaciego cercano al anterior, pero situado sobre la muralla sur, el llamado de los Abencerrajes. Finalmente, se cree que fue el iniciador del Generalife, la primera almunia, que se sepa, edificada extramuros de la Alhambra, aunque otros autores atribuyen este hecho a su sucesor e hijo, Muhammad III.

Paseo de las adelfas, en el Generalife.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (VII)



A sus dos primeros descendientes hay que atribuir la configuración urbanística de la medina. Muhammad II, hijo de Alhamar, continuó con las obras militares, al tiempo que daba los primeros pasos para planificar el universo arquitectónico que iba a brotar tras las murallas.  Pese a reinar casi 30 años, no se puede afirmar que su labor fuera titánica, algo comprensible, si se tiene en cuenta que, con el reino, el segundo emir heredó todos sus problemas. Sin embargo para él el principal quebradero de cabeza no fueron los castellanos, sino los Meriníes de Marruecos, a los que había pedido auxilio y que luego se volvieron contra él. 

Fez, capital de los Meriníes o Benimerines de Marruecos.
Al tiempo que trataba de conjurar esa presencia, que amenazaba con convertirse en una nueva invasión norteafricana, al estilo de las de los Almorávides y Almohades siglos antes, comenzó a trazar la espina dorsal de la medina. Ésta se conformaría, cómo no, alrededor de la hoy llamada calle Real Alta, bajo la que discurría la acequia construida por su padre, como ha demostrado una intervención arqueológica que puede verse en el Museo de la Alhambra. 

Calle Real Alta, en la actualidad. Fotografía de A. Amorós.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Tocando con los dedos el Paraíso (VI)


Combate entre moros y cristianos, detalle de una miniatura de las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio (siglo XIII). Facsímil de la Biblioteca Nacional de Madrid


Pero la situación era mucho más complicada para él. Al mismo tiempo, le llovían problemas en sus propias filas: los arraeces Asquilula, familia nobiliaria emparentada con él y a la que había entregado el control de gran parte de su reino, en concreto las serranías de Málaga y la Hoya de Guadix, se habían puesto de acuerdo con el rey castellano para minar el poder del emir granadino. De nada le sirvió a éste sellar una alianza parecida con un grupo de nobles castellanos, los llamados “desnaturados”, rebeldes a Alfonso X que pidieron y hallaron refugio en Granada. Éstos pronto lo abandonaran a su suerte, mientras los Asquilula seguirán fieles a Castilla. El resultado fue que, hacia 1273, el Reino Nazarí parecía al borde del vacío cuando apenas había echado a andar. Y si no se produjo tal catástrofe fue porque Alfonso X estaba demasiado distraído como para ocuparse debidamente de Granada, en su pugna por la corona del Sacro Imperio Romano que se disputaba en Alemania.

Escudo del Sacro Imperio Romano.
Si hemos aludido a estas circunstancias históricas en una obra centrada en la Alhambra, es porque, sin duda, impedirían al sultán fundador de la dinastía concentrarse más, como hubiera sido su deseo, en levantar su soñada ciudad palatina. De ello se encargarían sus sucesores en los siguientes cien años, periodo en el que, básicamente, quedó completado tanto el entramado intramuros como los espacios exteriores. 

Alhambra inadvertida: Al borde del Extasis

Sueño, fantasía, visión maravillosa, belleza indescriptible... son algunas de las palabras que pueden pasar por la mente de quien contempla,...