domingo, 31 de agosto de 2014

UNA LUZ NUNCA VISTA




8.200 años atrás, en un remoto rincón de la Vía Láctea…..

En la constelación del Lobo, en el límite con Centauro, un sistema binario, formado por dos viejas enanas blancas muy cercanas, está a punto de colapsar. Después de diez mil millones de años de pacífica existencia, las dos estrellas están al final de su vida. Han agotado sus capas de hidrógeno y helio, casi todo su combustible, y malviven sólo del pesado núcleo de carbono y metales, que produce una combustión inestable y subvierte el equilibrio gravitacional que las ha mantenido unidas. Es como si, después de toda una vida de permanente arrullo, las dos mellizas hubieran enloquecido de repente. La tensión ha llegado a tal punto que parecen dispuestas a romper la invisible zona roja que les marca la gravedad, aunque ello suponga su autodestrucción. Afectadas por una suerte de alzheimer estelar, porfían en su actitud, intercambiándose golpes sin tregua. Hasta que sucede lo inevitable: acaban por fusionarse y explotar con tal violencia que generan una supernova de proporciones inconcebibles. Tal será su resplandor que podrá ser observado en la distante Tierra. Aunque eso no sucederá hasta unos 7.200 años después.


A mitad de la primavera del año 1006 de la era cristiana, en la bóveda celeste terrestre irrumpió una luz de color amarillo intenso que brilló como una pequeña luna durante varios días. Luego, su fulgor fue decreciendo hasta ahogarse tres años más tarde. Uno de los astrónomos que lo observaron fue Ibn Maslama al Mayrití, el científico más respetado del califato cordobés. Había nacido en Mayrit, la futura capital de España, por entonces pequeña población fortificada y agrícola en la frontera que separaba al Andalus de los reinos cristianos. En aquel remoto rincón donde convivían soldados y agricultores nació, como raro fruto, Ibn Maslama. No tardaría en recalar en Córdoba, faro de occidente, donde llegó a ser consejero de al Hakam II, el califa sabio. Su prestigio se mantuvo intacto durante el gobierno de Ibn Abi Amir Almanzor, el dictador que, sin atreverse a arrogarse el califato, sí ejerció de facto un poder absoluto en al Andalus. Se dice que Almanzor solía consultar a Ibn Maslama antes de emprender sus aventuras militares contra los cristianos. El hijo de aquél, Abd al Málik, ya dictador de al Andalus en el momento de este relato, continuaba con esa costumbre.
Por eso y, porque, como todos, se hallaba impresionado ante la aparición del misterioso resplandor, aquella noche el poderoso Abd al Málik visitó el observatorio del astrónomo, situado en un promontorio cerca de Medina Azahara, en el piedemonte de la sierra. Al verlo, al Mayrití no se sorprendió. Llevaba tiempo esperándolo. Tras el protocolario saludo, el tirano le expresó su deseo de emprender en pocas semanas una campaña contra los levantiscos aragoneses. Se le veía enervado, pletórico, luciendo su pose de gran general, como si creyese que el cielo le mandaba una buena señal.
Todo lo contrario pensaba Ibn Maslama. Su lectura de las estrellas en los últimos tiempos le inquietaba. Dos años atrás se había producido un raro eclipse híbrido de sol, que había interpretado como un mal augurio para al Andalus. Además, llevaba tiempo intuyendo que a no mucho tardar se produciría una gran conjunción de Júpiter y Saturno en Virgo, fenómeno que arrastra siempre grandes turbulencias. La aparición de esta insólita luminaria, nunca vista antes por el ojo humano, terminaba de confirmar sus malos presagios. Su posición en la constelación del lobo le recordaba el desplome de Roma y le inducía a pensar que todo gran imperio está destinado a desaparecer. 
— Y dime si te parece, como a mí, que esta nueva luna me ayudará a ser aún más grande que mi padre y a terminar de una vez por todas con los bárbaros del norte –dijo Abd Allah.
Ibn Maslama calló durante un instante, dudando qué decir. Finalmente, optó por contestarle con una media verdad.
— Mi señor, no me cabe duda de que la nueva aceifa que vais a emprender resultará victoriosa, tanto que os sentiréis orgulloso de ella, aunque menos de lo que pretendéis.
— ¿Es eso, una simple victoria, lo que anuncia esta nueva luna?
— Nada tiene que ver en esta predicción eso que llamáis nueva luna, que en realidad es un astro nunca visto antes. Si digo que venceréis es por vuestra sobrada capacidad para ejercer el mando y por la indudable superioridad musulmana sobre los cristianos. Sin embargo, y esto si lo he leído en las estrellas, esa hegemonía no tardará en debilitarse y hasta desaparecer. Aunque vos no lo veréis ni yo tampoco. Los que os sucedan lucharán como lobos entre sí, hasta desgarrar al Andalus.
Constelación Lupus, según un viejo grabado.
Abd Allah recibió con un gesto agrio la predicción y se alejó, sin hacerle demasiado caso al que tachó de viejo loco. En efecto, en aquel momento resultaba casi inconcebible imaginar el repentino colapso del califato de Córdoba. Sin embargo, sólo tres años después, muertos ya tanto el sabio como el dictador, estallaría la fitna, la guerra civil que terminaría con la unidad de al Andalus. Si Ibn Maslama lo averiguó simplemente por lo que le contaron los astros o pudo ayudarle también su perspicacia al juzgar los acontecimientos de su tiempo, queda en el más absoluto  misterio.
Restos de la supernova SN 1006, que observó Ibn Maslama.

viernes, 8 de agosto de 2014

Así pudo nacer la música (*)


Nos situamos hace unos 65.000 mil años, en una inhóspita región de Asia Central, al este del Mar Caspio. Un clan de homo sapiens se refugia en una cueva de las inclemencias del tiempo y de las fieras. Es plena noche y duermen profundamente. Ha sido un día duro pero afortunado y han cazado a dos ciervos desprevenidos que bajaban a beber agua. Han vuelto a la cueva y han armado una gran fiesta, han comido hasta hartarse y después, los más felices, han bailado. Todos han dado gracias a los dioses y se han ido a dormir agotados. 
Entre ellos están Loch y Path, los dos jóvenes guerreros protagonistas de esta historia. Como todos los demás, excepto el centinela, duermen a pierna suelta. Han comido más que nadie, casi se han liquidado entre ambos una pierna de ciervo. Hasta la médula del hueso se ha zampado Loch porque es su comida favorita. Para extraer el delicioso tuétano ha debido partir un hueso por la mitad. El hueso tiene un agujero porque en él impactó una lanza. Los huesos de la comilona reposan junto a la cabeza de Loch, que, junto a su amigo Path, está a punto de convertirse en el inventor de la música. 
Para que se produzca el prodigio es preciso que Loch ronque con la suficiente energía como para que sus rebuznos hagan sonar la flauta, cosa que no tarda mucho en pasar. Durante un rato, nadie, ni siquiera el centinela, que está demasiado alejado, puede escuchar las primeras notas musicales de la historia. Finalmente, Path termina por despertarse y contempla atónito el milagro, tanto que coge el hueso con pasión de niño. Y con la misma pasión arroja el hueso al suelo al darse cuenta de que el juego ha terminado. Pero Path no es estúpido y, sobre todo, es muy obstinado. Examina el hueso y lo coloca en el suelo en la misma posición, pero no logra nada. Sin embargo, parece haber comprendido  la relación entre los ronquidos y el hueso. Así, tras no pocas probaturas y exhaustivos exámenes visuales, termina por embocar la flauta de hueso y soplar con entusiasmo. Obtiene un primer sonido estridente que ya le parece un triunfo. Sin embargo, sigue probando hasta que, causalmente, coloca un dedo sobre el agujero del hueso. También por casualidad lo retira, notando, satisfecho, un cambio. Y así pasa un rato delicioso, probando una y otra vez. De vez en cuando, ríe como un niño. 
En lo mejor de su fiesta, no se da cuenta de que ha despertado a la mayoría del clan. Sus congéneres están muy lejos de apreciar su arte en ciernes; desean, más bien, seguir descansando sin interrupciones. Así que, en perfecta sincronía, apedrean al músico troglodita hasta derribarlo, notas de percusión que ponen fin al que pudo ser y no fue, el primer concierto de la historia. La humanidad no estaba preparada todavía.



(*) El verdadero título es Así pudo nacer la música pero no lo hizo. Excusen, pero es que si lo pongo largo luego no sale en el facebook bien.

jueves, 31 de julio de 2014

La irreverencia de "Bésame tonto" (1964)


Acabo de volver a ver con enorme placer esta comedia de enredo del gran Billy Wilder, no tan conocida como "El apartamento" o "Con faldas y a lo loco", con las que comparte, cómo no, un afinado guión que aporrea sin piedad el estilo de vida americano, como en casi todos los films del director austríaco. Por supuesto, con la inapreciable ayuda de su co guionista, I.A.L. Diamond.


Resumo muy sucintamente el el argumento. La llegada de un famoso cantante (Dean Martin) a un perdido pueblo de Nevada despierta en dos músicos aficionados el deseo de venderle alguna de sus nefastas canciones a cualquier precio. Para ello, organizan una noche de pasión entre aquél y la mujer de uno de ellos, pero sustituyendo a la verdadera esposa por una prostituta. Sin embargo, los celos enfermizos del marido le llevarán incluso a defender a la falsa esposa de las manos de pulpo del galán.

Ray Walston, Dean Martin y Kim Novak luciendo escote.
Para mi lo mejor de la cinta es el personaje de la prostituta, Betty la Bomba, interpretado por Kim Novak. Sensualidad e ingenuidad son una perfecta combinación que ya usó Wilder el año anterior en "Irma la dulce" (1963), donde Shirley MacLaine también es una adorable prostituta: o años antes en "La tentación vive arriba" con Marilyn Monroe. Pues bien: la Novak aparece tan sensual como la famosa rubia platino en esta cinta, con la diferencia de que demuestra ser una actriz notablemente más solvente.
Otro de los valores de esta película es la interpretación de marido celoso ofrecida por Ray Walston, eterno secundario que demuestra en este papel protagonista su enorme talla de actor. Para perfilar perfectamente a este personaje, la banda sonora de André Previn juguetea con dos piezas de Beethoveen, según se muestre normal o angustiado por los celos. 
Quizás cabe reprocharle a "Bésame tonto" alguna vuelta de tuerca innecesaria para enredar más de lo debido el argumento, alguna rama de más que no le resta valor. Desde luego, no podría atribuirse a ese pequeño pecado que, en su época, se convirtiera en un fracaso en taquilla. Tal circunstancia hay que entenderla más bien por el boicot que recibió la cinta de parte de la crítica ultramontana de Estados Unidos, es decir casi toda en esa época. Se acusaba a Wilder de atacar no sólo los valores domésticos de la hipócrita sociedad norteamericana (el final feliz perdona el adulterio, por ejemplo) sino también el que es su mayor estandarte patrio: la igualdad de oportunidades, un mito que se vuelve humo cuando llega alguien con mayores posibilidades y te roba una idea genial.

Novak junto al director en un descanso. Fuente: Abc.es

miércoles, 2 de julio de 2014

El comedor de mosquitos

Ahora, que parece conjurada de momento mi falta de ideas y las palabras fluyen con algo más de soltura, publico este BREVATO, más bien cruel, pero con una impronta de misterio, que espero guste a quien lo lea. De momento, ha resultado balsámico para mi maltrecha inspiración.


Una mañana de verano, apenas despuntaba el día, una corredora que se había dado prisa en madrugar hizo un estremecedor hallazgo: a un lado del carril bici, encontró horrorizada un esqueleto perfectamente mondado, tanto que el sol primerizo arrancaba destellos a su cráneo reluciente. Lo más extraño era que el descarnado cadáver parecía cabalgar sobre una bicicleta y mostraba la boca demasiado abierta, como si hubiera muerto en pleno éxtasis.
El asunto, uno de los más misteriosos a los que se ha enfrentado la ciudad en toda su historia, quedó sin esclarecer y engrosa ahora el archivo policial de casos no resueltos.
Sin embargo, hubo muchos testigos que, por razones que después se comprenderán, nunca contaron lo que pasó. Yo fui uno de ellos y ahora, sin saber muy bien por qué, voy a desvelar lo que sucedió.
Pero antes, es necesario presentar a la víctima, sin duda uno de los más raros especímenes de la especie humana que hayan existido. Su nombre era Ambrosio y por toda propiedad poseía una vieja bicicleta Orbea. Por tener no tenía ni casa, ni familia,ni verdaderos amigos. No quería demasiado a la gente, a decir verdad no le gustaban nada sus semejantes. Lo único que apreciaba verdaderamente era pasear en su bici desde que amanecía hasta que anochecía, viendo la vida pasar a su lado a la velocidad justa, evitando todo encuentro, mirando a las personas con las que se encontraba sólo el instante justo para despreciarlos. Sólo rompía esa rutina para acudir, cuando le apretaba el hambre, a un comedor de beneficencia. Las hermanitas de los pobres, confundiendo su terca hosquedad con desamparo, le ofrecieron muchas veces quedarse también a dormir, pero él siempre rechazó esa oferta: la compañía de las ratas y las cucarachas en cualquier sucio rincón era preferible a arriesgarse a que alguien lo tomase por un demente. Que se sepa, no tenía documentación ni sus datos figuraban en archivo alguno: desde siempre vivió aislado del mundo y, por más raro que pueda parecer, nunca tuvo necesidad de relacionarse ni de dar cuentas a nadie. La única piedra que podía molestarle en su agujereado zapato aparecía cuando se veía en la necesidad de acudir a la beneficencia. Y así siguió hasta que llegó su final que, adelanto, no fue un asesinato sino una especie de suicidio. ¿Qué cómo sucedió todo? Enseguida lo cuento.

Días antes de su muerte, estando de nuevo en la cola de la sopa boba, se le plantó detrás un irredento parlanchín. Durante la hora larga que estuvo esperando, el bocazas no paró de largarle mil y una nimiedades, sin que el odio con que Ambrosio lo miraba hiciera mella en él. Por suerte, cuando estaba a punto de estrangularlo, le llegaba el turno y pudo zafarse así del cansino; pero aquella experiencia le marcaría para siempre.
Desde ese momento, y después de meditarlo detenidamente, consultando incluso con su bicicleta, decidió que no pasaría ni una vez más por aquella tortura. No volvería jamás a un comedor de beneficencia ni a ninguna otra parte donde tuviera que estar, siquiera un minuto, junto a cualquier otra persona. Conociéndose, tarde o temprano terminaría por matar a alguien por el simple hecho de hablarle. No es que tuviese reparo alguno en cometer el asesinato o temiese enfrentarse al remordimiento que un crimen así conlleva (él desconocía ése como casi cualquier otro sentimiento). No, lo que a él le preocupaba en caso de perpetrar un asesinato era acabar en prisión de por vida. Allí tendría que convivir a la fuerza con otros hombres, seguramente hombres temibles a los que no podría enfrentarse y de los que no podría huir con su bicicleta, como siempre. Ante tan desasosegante panorama, decidió no correr ningún riesgo. Y la mejor manera era llevar su misantropía hasta el extremo: no volvería a relacionarse jamás con ser humano alguno. Pero, ¿qué haría para comer? 
Meditaba sobre este grave inconveniente mientras paseaba, como tantas veces, por el carril bici que discurría junto al río. Entonces la solución le vino dada sola y por azar. Sin advertirlo, se tragó un mosquito de los muchos que pululaban alrededor del curso fluvial. En aquel verano, al que había precedido una primavera bastante lluviosa, proliferaban más que de costumbre los insectos. Al principio, el sabor le pareció insulso pero luego, cuando un nuevo díptero entró en su boca, lo encontró extrañamente sabroso. Casi al instante, notó una explosión placentera que, desde las papilas gustativas, se extendía a su cerebro. Podía percibir en ese instante una sensación de sosiego que jamás había experimentado. ¿Sería aquella una especie desconocida de mosquito con propiedades narcóticas? No había manera de saberlo y poco importaba. Lo único seguro era que ante sí aparecía la solución que buscaba. Además de tropezar con una fuente nada despreciable de alimento, también había hallado un eficaz método de contrarrestar su nefasto instinto asocial. En efecto, ahora, al cruzarse con alguien, ya no notaba esa fuerte repulsión que le asaltaba antes. Por el contrario, al ver a un semejante sonreía sincera aunque torpemente, pues no estaba acostumbrado a sonreír.


De este modo, ebrio por la euforia de sentirse nuevo, se volcó, boca abierta en ristre, a su actividad cinegética. Era ya tarde, casi la hora del ocaso, cuando empezó  la caza y, sí, logró embocar muchos más, decenas, centenares, tal vez miles de mosquitos más... pero nada era suficiente para su voraz apetito y menos aún para su mente, presa de aquella adicción de la que hablamos aún no descrita por la ciencia. Transcurrieron horas, días incluso, sin que Ambrosio pudiera saciarse. Enajenado por tan extraña pasión, el ciclista loco fue incapaz de percibir que volaba hacia la muerte: por muchos mosquitos que devorase, nunca obtendría el caudal de energía requerido para tan frenética caza. 
Una noche de luna llena, terminó por desplomarse sobre la cuneta. En su agonía final, lo vimos boqueando con patetismo. Nos acercamos a él, a cientos, a miles y, al vernos, nos recibió con una sonrisa demencial. Tragó tantos mosquitos que terminó por morir de sobredosis. Luego, lo devoramos hasta dejarlo en el puro hueso con esa meticulosidad que nos caracteriza a los insectos. Lo sé bien porque yo era uno de ellos.

martes, 1 de julio de 2014

Fulano y Mengano (1963)


Con este nombre, posiblemente muchos crean estar ante un bodrio de la peor especie, una suerte de antecedente de las películas de Mariano Ozores con Pajares y Esteso. Nada que ver con eso. Esta pequeña joyita del cine español se podría equiparar más bien al cine de Mario Monicelli (en concreto a Rufufú y su secuela). Como en éstas la miseria que a la que se enfrentaban y se enfrentan ahora muchos ciudadanos desclasados es tratada con respeto y ternura, para darnos a entender que los pobres también tienen su dignidad, pese a que muchos se empeñen en negársela.
La historia narra las peripecias de dos ex convictos, unidos antes en la cárcel por la desgracia de haber sido ambos condenados injustamente. Al salir, como no encuentran forma de hallar trabajo, se dedican a robar del modo más chapucero. Finalmente, a la pareja se une una joven pueblerina, entablándose entre ellos una relación donde todos cuidan de todos. 
A primera vista, parece un argumento insulso que podría derivar en una moraleja paternalista, como tantas otras de esa época. Sin embargo, el excelente guión, donde se alternan bien los momentos dramáticos con otros de depurada ironía, nos lleva hacia algo bien distinto. Y esto es que las personas orilladas por la sociedad  pueden, con esfuerzo, recuperar su dignidad mediante lo único que les queda: el apoyo mutuo, que no es otra cosa que solidaridad.
A destacar el excelente trabajo interpretativo de los dos protagonistas, Juanjo Menéndez y José Isbert (éste último sencillamente genial, como siempre), ayudados por el ingenioso guión que perfila perfectamente sus personalidades contrapuestas pero no opuestas. La chica, interpretada por Julia Martínez (famosa años después por La casa de los Martínez) demuestra también una buena dosis de talento y recuerda, en cierto modo, a las primeras interpretaciones de Claudia Cardinale (en las citadas películas de Monicelli).
La película, se puede descargar en el siguiente enlace de la web Largo 00 y Danky:
http://largo00ydanky.blogspot.com.es/2013/08/fulano-y-mengano-1959satripcomedia1fich.html


Para finalizar una pequeña reflexión que viene al caso. Cada vez estoy más convencido de que el cine español actual es muy deficiente (con sus muchas excepciones) en comparación con el que se hacía hace 50 años o más. Es algo que afecta también, aunque en menor medida, a otras cinematografías europeas, como la italiana o la francesa. La razón puede esta en lo que ya apuntaba Luis García Berlanga hace años. Antes, para bien o para mal, había una industria consolidada y, sobre todo, había mejores ideas y me atrevo a decir que mucho mejores actores. ¿Dónde estan el Pepe Isbert o el Berlanga de hoy? Además, no existía esa obsesión por trasplantar aquí los éxitos que nos llegan de fuera y sí una decidida  voluntad de crear una cinematografía con idiosincrasia propia. Por supuesto, estaba la censura, pero siempre había alguna manera de saltársela para despistar al censor. Bastaba, como muy bien hacía Berlanga, con introducir algún guiño argumental nacionalcatólico o darle vuelo a algún personaje tramontano, tan del gusto del régimen de entonces.  Desde ese momento, el guión obtenía la bendición oficial y podía conservar entre líneas su otra lectura sutilmente crítica. En cambio ahora, lo que más falta hace es precisamente aquella imaginación. A la falta de ideas se une el pésimo trabajo de los directores, que arrastran en su desidia a los actores, de forma que ver una película española actual es arriesgarse a sufrir aburrimiento y hasta a sentir vergüenza ajena. No es de extrañar que sea así si pensamos que el cine actual (tal vez de forma inevitable) es un organismo subvencionado desde hace demasiado tiempo. Habrá quien crea que hago una crítica devastadora, pero se trata de una opinión personal y tengo derecho a expresarla, sobre todo porque los propios profesionales del medio son incapaces, parece, de asumir la imperiosa necesidad que tiene nuestra cinematografía de reinventarse, tal vez volviendo a las raíces. Por el contrario, sin el más mínimo asomo de autocrítica, desvían el problema hacia otros asuntos, como la crisis de las salas de cine o la progresiva merma de subvenciones, que también cuentan, pero no son la raíz verdadera de problema.

lunes, 30 de junio de 2014

Inspiración Cero (metapoesía de la Nada)


Hay momentos, como el actual, en los que no puedo escribir. Tengo proyectos (un libro de cuentos por terminar, por ejemplo) y no puedo atenderlos porque no encuentro las ideas necesarias en mi mente bloqueada. Peor aún que no hallar ideas es no encontrar esas palabras que en otras situaciones surgen con fluidez. No hay explicación posible para tal sequía, no se trata de mi estado de ánimo, ni de mi falta de capacidad (en otros momentos claramente sobrada). Podría tratarse de letargo de las neuronas literarias, intimidadas, tal vez, por un exceso de auto exigencia, pero podía ser cualquier cosa. En estas situaciones, lo mejor es olvidarse para no caer en la desazón y tratar de escribir algo, lo que sea, para engañar al jodido orgullo. O, más fácil aún, rescatar un viejo escrito como este poema que publico hoy, que habla, precisamente, de lo que digo. Lo compuse hace tiempo en otro momento similar y, advierto, tiene doble sentido: por un lado, se refiere a la falta de inspiración y, por otro, a una suerte de masturbación mental que se apodera de mi ánimo en esta tesitura. Eso demuestra que se puede escribir de todo, incluso de la terrible sensación de no poder escribir nada. 
El poema es muy breve y dice así:

INSPIRACIÓN CERO

Lloronas las horas
pesan sobre mi pluma.
Perezosa,
niégase a vibraren la hoja,
Lobuna, 
refleja un rayo de luz de luna
sobre su lomo de nácar rosa. 


miércoles, 25 de junio de 2014

Google y las letras del alfabeto


Hoy estoy con el día tonto y he decidido hacer un experimento "sociológico" valiéndome del omnipotente navegador Google (que parece tener todas las respuestas) y encierra, como se verá, más de un misterio. Mi experimento consiste en poner en la barra de búsqueda sólo las vocales del alfabeto, pero sin darle al enter, sólo para ver qué información encabeza la lista de sugerencias. Así:



Por supuesto, ha de ser el buscador de España (en sus cuatro idiomas oficiales), porque, como he podido comprobar, es imposible acceder a otros de idiomas diferentes desde mi ordenador español. El resultado (sea en castellano, catalán, gallego o vasco) resulta bastante llamativo:

  • a: As (diario deportivo)
  • b: BBVA
  • c: Carrefour
  • ch: Chat Terra (chat de esta plataforma multimedia)
  • d: Dropbox (alojamiento informático)
  • e: El tiempo
  • f: Facebook
  • g: Gmail
  • h: Hotmail
  • i: Instagram
  • j: Junta de Andalucía
  • k: Kayak (buscador turístico)
  • l: La Caixa
  • m: Marca (diario deportivo)
  • n: Noticias
  • ñ: Ñengo Flow (cantante puertorriqueño de reggaeton)
  • o: Outlook
  • p: Pull and Bear
  • q: Quiniela
  • r: Rojadirecta  (canal TV online mejicano)
  • s: Series.ly (plataforma para compartir vídeos on line)
  • t :Traductor
  • u: Unicaja
  • v: Vodafone
  • w: Wordreference (diccionario on line)
  • x: Xalaca (plataforma informática)
  • y: Youtube
  • z: Zara
Y ahora, siguiendo con este jueguecito, voy a exponer una serie de datos que ni siquiera pretenden ser conclusiones, pero algo hay que decir.
Como se ve, encabezan la lista las plataformas relacionadas con aplicaciones informáticas, con 8 ejemplos, sobre todo redes sociales, lo cual tiene mucha lógica. Se supone que son "indesbancables".
Después, con 3 resultados, webs relacionadas con el deporte, con dos diarios futboleros y una plataforma de tv mejicana dedicada al balompié. Tampoco resulta extraño, dado el grado de futbolitis de este país. También hay tres bancos, pero ¿por qué precisamente estos bancos y no otros? ¿Por qué aparece Unicaja en la u y no el Santander en la s, un banco mucho más potente? 
Llamativo, sin duda, resulta ver en la lista al tal Ñengo Flow (un regetonero de Puerto Rico) en relación a la españolísima letra ñ. Mucha más lógica tiene la aparición de la web Kayak para encontrar vuelos u hoteles, o las presencias de Carrefour o Vodafone, dos multinacionales con muchos clientes.
Si restamos a estos resultados las dos cadenas de ropa, nos quedan ya sólo webs o buscadores que cumplen, más o menos, un servicio público y no están centrados puramente en intereses comerciales. Pero ¿cuántos? Pues sólo seis, la Junta de Andalucía (¿tanta relevancia para la web de una autonomía?), un buscador del tiempo, otro para noticias, otro para las quinielas, un diccionario y el traductor de google.
Para mí seria mucho más lógico encontrar más entradas generalistas, como "política" en la p (lugar ocupado por Pull and Bear), China en la ch, Brasil (ahora que hay mundial) en la b, cine en la c, hotel en la h, wikipedia en w, ministerio para la m, etcétera. Y, por supuesto, la definición de las propias letras. O que apareciese twitter en la t como aparece facebook en la f. 
Antes de que alguien se me eche encima y diga que estoy alucinando o pergeñando una de tantas teorías conspirativas, advertiré que esto sólo es un experimento un tanto extravagante, nacido del aburrimiento y el azar, y los resultados a los que me refiero sólo aparecen en la barra sin pulsar el enter. Si se pulsa el enter, la cosa cambia y es aún más desconcertante. Pruebe el que quiera. 

Alhambra inadvertida: Al borde del Extasis

Sueño, fantasía, visión maravillosa, belleza indescriptible... son algunas de las palabras que pueden pasar por la mente de quien contempla,...