domingo, 6 de mayo de 2018

Han llegado los VLOGS: vídeo+blog




Descubrí la nueva moda de los vídeoblog o, más sencillamente, vlogs (no es una falta ortográfica) en una de mis tantas paradas por Nerja, hace menos de una semana. En la plaza del Balcón de Europa, en medio del bullicio de los rebaños de turistas, llamaba la atención una larga cola que desembocaba en su belvedere porticado. Allí comparecían, al parecer, las estrellas de la función. Me fascinan, más si estoy de viaje, los misterios y curiosidades que te depara la calle. De modo que decidí indagar. 
Y, oh sorpresa, Nada de estrellas del pop o maloliente famoseo. Aquella multitud estaba allí para adorar a cuatro  familias jóvenes que se dedican a colgar vídeos en Youtube. Es decir, a hacer vlogging. Que me perdone el diccionario de la RAE. 
Me resultaba algo tan nuevo que no sabía qué pensar. Era aquélla una nueva moda destinada a extinguirse como estrella fugaz o o iría a algo más. Qué le encontraba semejante legión de adolescentes (escoltados por sus padres) a personas tan corrientes y molientes, simples vídeo aficionados? ¿Qué impulsaba a tantos fans a esperar más de una hora antes de fotografiarse o mejor grabarse con estos nuevos ídolos?
Pero es que, según pude constatar, ningún medio de comunicación se había hecho eco del evento. Los vídeos de los propios vlogers y de sus seguidores habían hecho el suficiente ruido como para convocar a un buen número de seguidores de toda Andalucía y de otros puntos del país. 
O sea, que cero interés de los grandes medios, pese a lo cual, éxito más que notable. Independientemente de qué vaya esta, digamos, novedosa vídeo red social, ya es algo surgir al margen de la vieja guardia mediática. La televisión se antoja un medio antedilviano al lado de estos recientes fenómenos 'informativos'. Con las nuevas tecnologías, los adolescentes acceden a un mundo virtual del que los adultos, en el mejor de los casos, apenas hemos oído hablar. Y sin embargo, desatan entre ellos tanto pasión como en su día entre nosotros un concierto de nuestro grupo de rock favorito, por decir algo.



Según he averiguado, en la reunión coincidieron cuatro familias vlogueras, así que me puse a buscar en Youtube. Y me encontré con grabaciones caseras, en el mejor de los casos divertidas, pero poco más. Esta historia de los vlogs, de momento, no pasa de ser un Gran Hermano amateur y a la bola de quien lo hace, que para eso lo hace. 
En ocasiones estos documentos, casi en bruto, resultan curiosos (por ejemplo se puede ver un parto natural) y hasta divertidos, dependiendo de la pericia del montador. Pero carecen de la retórica y el trabajo artesanal necesarios para constituir verdaderas historias. 
No obstante, resultan impresionantes las cifras de audiencia que van alcanzando. Por ejemplo, el vlog El mundo de Mía ya supera ya las 17 millones de visualizaciones. Uno de sus vídeos, el del parto del que hablábamos, ha llegado a las 713.000 visitas. Otro de ellos, Happy O’Hanna, está ya en las 15 millones de visitas. 
Pero eso no es nada. Juegos y juguetes en familia (Familiukis) va por ¡¡142 millones de visualizaciones!! Bien es cierto que esta gente son pioneros: llevan casi tres años dando la tabarra. Y sus vídeos están considerablemente mejor editados, a un nivel casi profesional. Como éste, por ejemplo:



Eso explicaría el éxito de público que cosechan con sus, a fin de cuentas, cotidianeidades domésticas. El último vlog se queda bastante lejos de estas cifras mareantes. 
El último blog, Elisa de Saro (familia Royitos), "apenas" supera las dos millones de visitas. Han elaborado un vídeo de amor a los (sus) animales cuya recaudación es ofrecida a una entidad protectora de Málaga. Aunque sin aclarar a quién (todavía...).
Pero, vuelvo a repetir, la cosa no es ni mucho menos para tanto. Todo indica que este nuevo invento, que no ha hecho más que empezar y que aún, pienso, está por explotar, sirve a sus autores no sólo de divertimento. Es una vía de escape virtual para huir de la no demasiado agradable realidad. La creación y difusión de sus vídeos les sirve de edredón virtual para refugiarse en la paz y armonía hogareña a la que aspiran, con todo el derecho. Además, supongo que pueden sacar un buen dinerito, lo que nunca viene mal, máxime con esta crisis que no cesa.
En conclusión, nunca me haría seguidor de una de estas familias, pero lo que hacen no deja de ser, de momento, ingenuo, mucho menos tóxico que un programa de tertulianos. Y mucho más real y espontáneo que uno de sus reallity a los que, en el fondo, emula.




sábado, 5 de mayo de 2018

Sijo del pájaro y las gafas





Este Sijo (especie de haiku coreano) nace del brevato que publiqué hace tres días, titulado Ventajas de tener gafas. He pensado que se podía comprimir la idea todavía más con este poemita festivo. Sigo jugando con aquella mosca que me regaló la inspiración mientras viajaba por Andalucía la Bella. 



Zahara, perla serrana de Cádiz, entre sol y nubes…

Y un hediondo palomino va y me impacta en plena cara,
Como a la Tierra sucediese en la extinción de los dinosaurios.
Un cuadro abstracto, una galaxia, el ojo de un huracán
En el cristal izquierdo de mis gafas. No ha sido para tanto.
(Asco, risas, burlas…)




Las tetas de Zahara, entre sol y nubes.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Ventajas de tener gafas





Este mediodía, en una terraza en Zahara, perla serrana de Cádiz, en un día huevo frito, mitad sol, mitad nubes, me ha cagado un pájaro en la cara. Natural. El animal había salido a tomar el sol, después del chubasco de anoche y alegremente ha evacuado. Lo malo es que ha sido sobre mí. Imperceptible, camuflado entre los rayos de sol, el hediondo proyectil ha ido derecho al centro del ojo, tal que hizo aquel meteorito de los dinosaurios sobre la Tierra. Tras el impacto, la mierda lo ha tapado todo y ha sobrevenido el invierno nuclear.
Ascos, coñas y risas aparte, no ha sido para tanto. El sol ha vuelto a salir cuando me he quitado las gafas. El palomino sólo ha impactado en mi cristal izquierdo,  convertido en cuadro abstracto, galaxia en expansión, o mejor aún: ojo de huracán.
Sin gafas, hubiera sido una hecatombre. Alguna ventaja ha de tener llevarlas siempre colgando.


domingo, 22 de abril de 2018

Visita a un humedal andaluz en el Día de la Tierra

Fuente: malaga.es

Hoy la Laguna de Fuente Piedra estaba a rebosar. Decenas de visitantes, casi todos españoles, disfrutaban de un entorno espectacular. Y sólo a un paso de la autovía A-92. Es sólo 22 de abril pero ha hecho mucho calor en Andalucía. Volviendo de un viaje de tres días, con 900 kilómetros a las espaldas, era un buen lugar para descansar. Esta laguna, cercana a Antequera, resulta providencial para refrescarse un poco.
Casi nadie de los visitantes sabía que hoy se celebra el Día de la Tierra. Ni siquiera yo en ese momento era consciente de ello. Pero, de algún modo, estábamos celebrándolo con aquella tranquila visita. A fin de cuentas de lo que se trataba era de admirar con respeto aquella maravilla natural y de beneficiarnos de su salutífera atmósfera.
En el mirador más concurrido, desde donde se divisa una vista general, es donde más se nota el fresco. Familias de fuera, pero también de los alrededores, se congraciaban con la espectacular vista, en esta primavera que se adivina ubérrima. Y a los flamencos no parecía importunarles el safari fotográfico, ni siquiera el bullicio de los niños. Ellos estaban bien tranquilos tras la valla de alambre, luciendo ufanos su bello porte, acicalándose algunos, preparándose todos para el gran cortejo que les espera en estas próximas semanas. Hasta 20.000 parejas de estas aves se han llegado a concentrar aquí para reproducirse.


Este entorno acuático de interior, es muy particular por ser parcialmente salino. Sí porque si esta agua no estuviera salada, no acudirían a ella los flamencos. Es tan de su gusto que no les importa cambiarla por esa otra de las marismas mediterráneas (Cabo de Gata o la Camarga en Francia) que frecuentan más a menudo. Además de las zancudas rosadas pueblan este entorno otras ciento setenta y tantas especies de acuáticas.
La salinidad del agua afecta, evidentemente, a la tierra que la rodea, donde han de crecer plantas halófilas, adaptadas a la sal. Durante el fuerte estío, esta laguna constituye un refugio invaluable para la fauna, particularmente para las aves. Y, como ya he dicho también es un buen punto para descansar si se viaja por el interior de Andalucía.
Tiene un pintoresco centro de interpretación, dedicado a la memoria del biólogo José Antonio Valverde, donde, además del merschandasing típico, mujeres de la comarca venden sus productos de la tierra. Yo creo que para ellas es más un entretenimiento y una forma de vender con orgullo su tierra a tanta gente nueva, que un lucrativo negocio. Y uno tiene que comprarles aunque sea un tarro de miel.


Pero el centro está dedicado, como he dicho antes a un gran hombre, el biólogo, ecólogo y activista ambiental José Antonio Valverde (1926-2003). ¿Que quién es este personaje? Pues uno de esos héroes anónimos que nadie conoce pero del que deberían hablar a los niños en las escuelas, un luchador de la talla de Jane Goodall, quien, por cierto, protagoniza el doodle  que luce hoy el Google (perdón por la rima). 

Valverde en una foto retrospectiva. Fuente: Wikipedia.

¿Pero qué hizo este tal José Antonio Valverde? Pues, entre otras cosas, salvar lugares como éste o como Doñana, nada menos. Sonada fue su campaña para arrancar de las garras del franquismo a las marismas del Guadalquivir, que parecían abocadas a convertirse en un bosque para fabricar celulosa. Gracias a una incansable campaña internacional, con el apoyo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y otras entidades proteccionistas, consiguió salvar el corazón de una de las joyas naturales de Europa. Se convirtió, con justicia en el primer gestor del Parque Nacional de Doñana, fundado en 1969.
Valverde y su insigne colega Francisco Bernis Madrazo fueron pioneros en el sistema de anillamiento de aves, que nos ayuda a conocerlas mucho mejor. 
Por último recordar que José Antonio Valverde también se interesó por mi tierra. En 1958 clasificó un reptil, llamada por ello lagartija de Valverde. Este pequeño saurio es endémico del macizo que se concentra alrededor de la Sierra de Segura y que incluye además, las de Cazorla, Las Villas, Castril y La Sagra. Yo suelo ver todos los veranos a esta simpática lagartija tomando el sol por las mañanas a la puerta de mi cortijo en Río Madera.

lagartija de Valverde (algyroides marchi). Fuente: Wikipedia.

Pero, ahora, estamos todavía en primavera. Y, volviendo a la laguna de Fuente Piedra, tras las fuertes lluvias, el calor ha hecho una triunfal entrada y todas las criaturas del humedal parecen sonreír. Más sonreirán en los próximos días, cuando, la primavera explote de verdad.

Será digno de ver. Y como resulta que a principios de la semana que viene volvemos a la carretera, resultará de todo punto recomendable regresar a Fuente Piedra. Para entonces el paisaje estará mucho más vestido de colores, mientras los flamencos, que ya serán masa, se afanarán en la bendita labor de preservarse como especie.


Fuente:iberia-natur.com


lunes, 26 de marzo de 2018

El soldado, la garza y la tortuga (y III)



El daimio Toyotomi Hideyoshi, dirigiendo una batalla. Autor Chris Collingwood.

Y esa batalla se libraría contra los japoneses, temibles rivales. Y además serían muchos y llegarían en grandes oleadas, a bordo de una armada inmensa. Para colmo, estarían, con toda seguridad, mejor armados y adiestrados. La única ventaja de los coreanos serían sus buques. Más ligeros y maniobrables, estaban mejor preparados para la batalla. Además podían cargar numerosos cañones, algo de lo que eran incapaces las pesadas naves japoneses. Derrotarlos pasaba por detenerlos en el mar o, al menos, entorpecer  su puente marítimo de pertrechos y hombres. Para evitar la aniquilación  era vital atacar y hundir en una o varias batallas toda o casi toda la flota nipona.
"Pero ¿cómo, cómo parar a esos bárbaros?" –pensaba el soldado, al recordar el escaso número de barcos que Corea podía oponer a la Armada japonesa. Y lo hacía mientras con rabia arañaba la arena para borrar los diseños tácticos que acababa de dibujar.


Batalla entre coreanos y japoneses en 1592. Autor Peter Dennis.

En estas cuestiones estratégicas estaba cuando, en una charca cercana al curso fluvial, vio a la garza y la tortuga. Ésta se mantenía pertrechada en su coraza mientras la zancuda se la amartillaba con su pico. Cuando el ave se cansaba, la tortuga aprovechaba para, por decir algo, apretar el paso y avanzar unos centímetros, camino de la todavía lejana corriente. El general quiso reaccionar, espantar a la garza, pero decidió seguir observando. Sabía que la garza sólo estaba jugando, la tortuga era demasiado dura para ser herida y demasiado voluminosa para ser tragada. En este juego cruel, poco a poco, el reptil logró alcanzar el borde del agua y sumergirse. Emergiendo al poco, se dirigió con pasmosa celeridad hasta la otra orilla. No obstante, la garza quería seguir jugando y voló hacia ella, y todo volvió a empezar. Fue entonces cuando Yi Sun Sin recordó el mito de la tortuga.
 De movimientos lentos pero seguros, siempre llega donde se propone. Por eso representa la sensatez, ergo la inteligencia.

Fuente: https://vroegevogels.bnnvara.nl.
Lástima, pensó Yi Sun Sin, que no pueda defenderse con algo más que con su coraza. Si tuviese un veneno que escupir, unas púas para defenderse o unos dardos para disparar...
El almirante abrió la boca mientras recordaba los viejos barcos tortuga ideados hace años por la marina coreana, pero que habían sido desechados por poco prácticos. ¿Y si, se mejorase su diseño, construyéndolos con madera innífuga y tapando y recubriendo sus cubiertas con púas? Con la suficiente habilidad, podrían añadírsele baterías de cañones a estribor y a babor, en la proa y  en la popa. Incluso su mascarón de proa, en forma de dragón, podría despedir humo que le sirviese de camuflaje. Un buque tan invulnerable y armado hasta los dientes, o mejor media docena de ellos, sembrarían el desconcierto entre la flota enemiga.

Reproducción de un barco tortuga o Geobukseon, en un museo coreano.

Tal vez ese sea el camino hacia la victoria, se dijo Yi Sun Sin. Iluminado por su idea, de su rostro había desaparecido la contrariedad.
No mucho después, tras ser rehabilitado y al mando de la Armada coreana, llevó a la práctica lo que aprendiera de aquella especie de fábula. La garza japonesa no pudo con la tortuga coreana, en la aventura naval más extraordinaria de la historia. Yi Sun Sin ganó en el mar todas sus batallas, hasta 23. Una vez con sólo 13 naves, algunas de ellas del tipo tortuga, aniquiló una flota de 133 navíos enemigos. Murió en una de esas victorias, la que expulsó definitivamente a los japoneses.


Yi Sun Sin dirige un ataque contra los japoneses. Fuente: https://slee39.wordpress.com.

jueves, 22 de marzo de 2018

El soldado, la garza y la tortuga (II)


Para reponerse de esa humillación, le gustaba huir del mundo, refugiándose en los parajes que rodeaban la capital, Hanseong[1]. Sin embargo, ni siquiera en soledad podía sustraerse de la rabia que, ineludible, emponzoñaba su mente. En cierta ocasión caminaba cabizbajo por un pequeño valle flanqueado por abruptas colinas, pero tan errático, tan dominado por los mil pensamientos que le acosaban que apenas disfrutaba del espléndido paraje: un bosque con su un arroyo saltarín, flanqueado por árboles que lucían sus galas otoñales, desde el rojo de los áceres, al predominante naranja de las hayas, pasando por el elegante amarillo de los gynkos o el verde apagado de los pinos… Pero, por más que buscase el abrazo de la Naturaleza, apenas disfrutaba de ese salutífero aire, obsesionado con la idea de demostrar de nuevo su valía y volver a ser comandante.
De alto abolengo, era demasiado orgulloso; y también demasiado terco como para renunciar a su afán de liderar algún día un gran ejército. En su fuero interno, se sabía más capacitado para esa misión y más eficiente que nadie de los que había conocido, incluidos esos generales de gabinete, que eran casi todos. Y, también, por más que intentase evitarlo, le impulsaba un malsano afán de venganza contra quienes le habían puesto a los pies de los caballos. Deseaba una oportunidad para lavar su honor en el campo de batalla, para volver a mirar a la cara con orgullo a su rey, necesitaba ver la expresión contrariada de sus difamadores ante su rehabilitación. Pero ¿cómo lograrlo, como obtener el mando necesario para proteger Corea del hierro y el fuego de Japón y de la ineficacia de sus generales?


Absorbido por éste y otros dilemas estratégicos, de tanto en tanto, se detenía enfervorecido para dibujar supuestas batallas sobre la arena del río. Con furia marcaba círculos y cuadros, trazaba líneas en todas direcciones, incluso en zigzag, hasta que todo concluía en un punto, el culmen de una batalla que tal vez sucediera algún día.





[1] Hanseong es el antiguo nombre de Seúl, o mejor dicho, de una de las áreas de la megalópolis actual.

martes, 20 de marzo de 2018

El soldado, la garza y la tortuga (I)


Inicio aquí un breve relato histórico ubicado en la Corea del siglo XVI. Su protagonista es uno de los mayores héroes coreanos, si no el que más: el almirante Yi Sun Sin. Este personaje es considerado por los entendidos el más genial estratega naval de la historia. Por encima incluso del más afamado Lord Nelson. El relato pivota alrededor de una anécdota ficticia, a partir de la cual yo especulo cómo el preclaro marino pudo perfeccionar la que sería su mejor arma de guerra: el barco tortuga, el primer acorazado de la historia.

Monumento al general Yi Sun Sin en Seul. Fuente: http://www.antiquealive.com/

Corría el año 1587 en el reino de Joseon[1], que, mal que bien, gobernaba el país de la mañana calma. No tan tranquila por aquellos tiempos. En el norte, las amenazas de los merodeadores Yurchen[2], que décadas más tarde conquistarían China, había sido conjurada parcialmente. Pero otro peligro se cernía sobre las costas coreanas. La amenaza japonesa, que se había limitado hasta entonces a incursiones piratas,  se revelaba cada vez más real. El belicoso daimio Hideyoshi, a punto de reunificar el archipiélago nipón, acababa de conquistar las islas Kyushu, al sur de Corea. Era éste el primer paso hacia una mucho mayor empresa: conquistar China. Y Corea quedaba a mitad de camino. Más temprano que tarde, el reino coreano debería decidir si contemporizar con los japoneses o, en toda lógica, mantener su lealtad al imperio chino, su aliado tradicional.

El belicoso Toyotomi Hideyoshi, enemigo de Corea. Fuente: www.ancient-origins.net

En esas turbulencias, uno de los más valientes defensores del reino coreano era el capitán Yi Sun Sin, formidable estratega, capaz de capturar al jefe de los Yurchen y poner en fuga a sus desarrapadas, aunque furibundas tropas. Tales hazañas le valieron el aprecio de sus soldados, a los que amaba por encima de todas las cosas, y de los atribulados conciudadanos que sufrían las brutalidades de los Yurchen. Pero todos estos méritos, insuficientes, al parecer, no le libraron, más bien al contrario, de una oscura trama, urdida por la envidia y los celos de un general indigno y de sus seguidistas. Finalmente un látigo de dos lenguas, la de la envidia y la estulticia, cayó sobre sus espaldas. Fue juzgado por traición, acusado de aquello que nunca hizo: huir del enemigo. Tras ser arrastrado con cadenas hasta una mazmorra, los verdugos le torturaron salvajemente hasta casi la muerte. Gracias a la mediación de un ministro, fiel amigo de la infancia, pudo, no obstante, salvarse de ser ejecutado sumariamente.
Lejos de renunciar a su vocación militar, aceptó el deshonor de la degradación y reinició su mancillada existencia como soldado raso; para colmo, a las órdenes de uno de sus difamadores.

Fotograma de la película coreana El almirante (2004) que recrea la historia de Yi Sun Sin.

[1] Nombre del último reino coreano, que discurrió entre 1392 y 1910.
[2]  Los Yurchen eran un pueblo altaico procedente de Siberia que invadieron el norte de Corea hacia finales del siglo XVI, en la actual Corea del Norte. Más tarde serían conocidos como manchúes, poco antes de instaurar la última dinastía china, los Qing, entre 1644 y 1912.    .

Alhambra inadvertida: Al borde del Extasis

Sueño, fantasía, visión maravillosa, belleza indescriptible... son algunas de las palabras que pueden pasar por la mente de quien contempla,...