jueves, 31 de julio de 2014

La irreverencia de "Bésame tonto" (1964)


Acabo de volver a ver con enorme placer esta comedia de enredo del gran Billy Wilder, no tan conocida como "El apartamento" o "Con faldas y a lo loco", con las que comparte, cómo no, un afinado guión que aporrea sin piedad el estilo de vida americano, como en casi todos los films del director austríaco. Por supuesto, con la inapreciable ayuda de su co guionista, I.A.L. Diamond.


Resumo muy sucintamente el el argumento. La llegada de un famoso cantante (Dean Martin) a un perdido pueblo de Nevada despierta en dos músicos aficionados el deseo de venderle alguna de sus nefastas canciones a cualquier precio. Para ello, organizan una noche de pasión entre aquél y la mujer de uno de ellos, pero sustituyendo a la verdadera esposa por una prostituta. Sin embargo, los celos enfermizos del marido le llevarán incluso a defender a la falsa esposa de las manos de pulpo del galán.

Ray Walston, Dean Martin y Kim Novak luciendo escote.
Para mi lo mejor de la cinta es el personaje de la prostituta, Betty la Bomba, interpretado por Kim Novak. Sensualidad e ingenuidad son una perfecta combinación que ya usó Wilder el año anterior en "Irma la dulce" (1963), donde Shirley MacLaine también es una adorable prostituta: o años antes en "La tentación vive arriba" con Marilyn Monroe. Pues bien: la Novak aparece tan sensual como la famosa rubia platino en esta cinta, con la diferencia de que demuestra ser una actriz notablemente más solvente.
Otro de los valores de esta película es la interpretación de marido celoso ofrecida por Ray Walston, eterno secundario que demuestra en este papel protagonista su enorme talla de actor. Para perfilar perfectamente a este personaje, la banda sonora de André Previn juguetea con dos piezas de Beethoveen, según se muestre normal o angustiado por los celos. 
Quizás cabe reprocharle a "Bésame tonto" alguna vuelta de tuerca innecesaria para enredar más de lo debido el argumento, alguna rama de más que no le resta valor. Desde luego, no podría atribuirse a ese pequeño pecado que, en su época, se convirtiera en un fracaso en taquilla. Tal circunstancia hay que entenderla más bien por el boicot que recibió la cinta de parte de la crítica ultramontana de Estados Unidos, es decir casi toda en esa época. Se acusaba a Wilder de atacar no sólo los valores domésticos de la hipócrita sociedad norteamericana (el final feliz perdona el adulterio, por ejemplo) sino también el que es su mayor estandarte patrio: la igualdad de oportunidades, un mito que se vuelve humo cuando llega alguien con mayores posibilidades y te roba una idea genial.

Novak junto al director en un descanso. Fuente: Abc.es

miércoles, 2 de julio de 2014

El comedor de mosquitos

Ahora, que parece conjurada de momento mi falta de ideas y las palabras fluyen con algo más de soltura, publico este BREVATO, más bien cruel, pero con una impronta de misterio, que espero guste a quien lo lea. De momento, ha resultado balsámico para mi maltrecha inspiración.


Una mañana de verano, apenas despuntaba el día, una corredora que se había dado prisa en madrugar hizo un estremecedor hallazgo: a un lado del carril bici, encontró horrorizada un esqueleto perfectamente mondado, tanto que el sol primerizo arrancaba destellos a su cráneo reluciente. Lo más extraño era que el descarnado cadáver parecía cabalgar sobre una bicicleta y mostraba la boca demasiado abierta, como si hubiera muerto en pleno éxtasis.
El asunto, uno de los más misteriosos a los que se ha enfrentado la ciudad en toda su historia, quedó sin esclarecer y engrosa ahora el archivo policial de casos no resueltos.
Sin embargo, hubo muchos testigos que, por razones que después se comprenderán, nunca contaron lo que pasó. Yo fui uno de ellos y ahora, sin saber muy bien por qué, voy a desvelar lo que sucedió.
Pero antes, es necesario presentar a la víctima, sin duda uno de los más raros especímenes de la especie humana que hayan existido. Su nombre era Ambrosio y por toda propiedad poseía una vieja bicicleta Orbea. Por tener no tenía ni casa, ni familia,ni verdaderos amigos. No quería demasiado a la gente, a decir verdad no le gustaban nada sus semejantes. Lo único que apreciaba verdaderamente era pasear en su bici desde que amanecía hasta que anochecía, viendo la vida pasar a su lado a la velocidad justa, evitando todo encuentro, mirando a las personas con las que se encontraba sólo el instante justo para despreciarlos. Sólo rompía esa rutina para acudir, cuando le apretaba el hambre, a un comedor de beneficencia. Las hermanitas de los pobres, confundiendo su terca hosquedad con desamparo, le ofrecieron muchas veces quedarse también a dormir, pero él siempre rechazó esa oferta: la compañía de las ratas y las cucarachas en cualquier sucio rincón era preferible a arriesgarse a que alguien lo tomase por un demente. Que se sepa, no tenía documentación ni sus datos figuraban en archivo alguno: desde siempre vivió aislado del mundo y, por más raro que pueda parecer, nunca tuvo necesidad de relacionarse ni de dar cuentas a nadie. La única piedra que podía molestarle en su agujereado zapato aparecía cuando se veía en la necesidad de acudir a la beneficencia. Y así siguió hasta que llegó su final que, adelanto, no fue un asesinato sino una especie de suicidio. ¿Qué cómo sucedió todo? Enseguida lo cuento.

Días antes de su muerte, estando de nuevo en la cola de la sopa boba, se le plantó detrás un irredento parlanchín. Durante la hora larga que estuvo esperando, el bocazas no paró de largarle mil y una nimiedades, sin que el odio con que Ambrosio lo miraba hiciera mella en él. Por suerte, cuando estaba a punto de estrangularlo, le llegaba el turno y pudo zafarse así del cansino; pero aquella experiencia le marcaría para siempre.
Desde ese momento, y después de meditarlo detenidamente, consultando incluso con su bicicleta, decidió que no pasaría ni una vez más por aquella tortura. No volvería jamás a un comedor de beneficencia ni a ninguna otra parte donde tuviera que estar, siquiera un minuto, junto a cualquier otra persona. Conociéndose, tarde o temprano terminaría por matar a alguien por el simple hecho de hablarle. No es que tuviese reparo alguno en cometer el asesinato o temiese enfrentarse al remordimiento que un crimen así conlleva (él desconocía ése como casi cualquier otro sentimiento). No, lo que a él le preocupaba en caso de perpetrar un asesinato era acabar en prisión de por vida. Allí tendría que convivir a la fuerza con otros hombres, seguramente hombres temibles a los que no podría enfrentarse y de los que no podría huir con su bicicleta, como siempre. Ante tan desasosegante panorama, decidió no correr ningún riesgo. Y la mejor manera era llevar su misantropía hasta el extremo: no volvería a relacionarse jamás con ser humano alguno. Pero, ¿qué haría para comer? 
Meditaba sobre este grave inconveniente mientras paseaba, como tantas veces, por el carril bici que discurría junto al río. Entonces la solución le vino dada sola y por azar. Sin advertirlo, se tragó un mosquito de los muchos que pululaban alrededor del curso fluvial. En aquel verano, al que había precedido una primavera bastante lluviosa, proliferaban más que de costumbre los insectos. Al principio, el sabor le pareció insulso pero luego, cuando un nuevo díptero entró en su boca, lo encontró extrañamente sabroso. Casi al instante, notó una explosión placentera que, desde las papilas gustativas, se extendía a su cerebro. Podía percibir en ese instante una sensación de sosiego que jamás había experimentado. ¿Sería aquella una especie desconocida de mosquito con propiedades narcóticas? No había manera de saberlo y poco importaba. Lo único seguro era que ante sí aparecía la solución que buscaba. Además de tropezar con una fuente nada despreciable de alimento, también había hallado un eficaz método de contrarrestar su nefasto instinto asocial. En efecto, ahora, al cruzarse con alguien, ya no notaba esa fuerte repulsión que le asaltaba antes. Por el contrario, al ver a un semejante sonreía sincera aunque torpemente, pues no estaba acostumbrado a sonreír.


De este modo, ebrio por la euforia de sentirse nuevo, se volcó, boca abierta en ristre, a su actividad cinegética. Era ya tarde, casi la hora del ocaso, cuando empezó  la caza y, sí, logró embocar muchos más, decenas, centenares, tal vez miles de mosquitos más... pero nada era suficiente para su voraz apetito y menos aún para su mente, presa de aquella adicción de la que hablamos aún no descrita por la ciencia. Transcurrieron horas, días incluso, sin que Ambrosio pudiera saciarse. Enajenado por tan extraña pasión, el ciclista loco fue incapaz de percibir que volaba hacia la muerte: por muchos mosquitos que devorase, nunca obtendría el caudal de energía requerido para tan frenética caza. 
Una noche de luna llena, terminó por desplomarse sobre la cuneta. En su agonía final, lo vimos boqueando con patetismo. Nos acercamos a él, a cientos, a miles y, al vernos, nos recibió con una sonrisa demencial. Tragó tantos mosquitos que terminó por morir de sobredosis. Luego, lo devoramos hasta dejarlo en el puro hueso con esa meticulosidad que nos caracteriza a los insectos. Lo sé bien porque yo era uno de ellos.

martes, 1 de julio de 2014

Fulano y Mengano (1963)


Con este nombre, posiblemente muchos crean estar ante un bodrio de la peor especie, una suerte de antecedente de las películas de Mariano Ozores con Pajares y Esteso. Nada que ver con eso. Esta pequeña joyita del cine español se podría equiparar más bien al cine de Mario Monicelli (en concreto a Rufufú y su secuela). Como en éstas la miseria que a la que se enfrentaban y se enfrentan ahora muchos ciudadanos desclasados es tratada con respeto y ternura, para darnos a entender que los pobres también tienen su dignidad, pese a que muchos se empeñen en negársela.
La historia narra las peripecias de dos ex convictos, unidos antes en la cárcel por la desgracia de haber sido ambos condenados injustamente. Al salir, como no encuentran forma de hallar trabajo, se dedican a robar del modo más chapucero. Finalmente, a la pareja se une una joven pueblerina, entablándose entre ellos una relación donde todos cuidan de todos. 
A primera vista, parece un argumento insulso que podría derivar en una moraleja paternalista, como tantas otras de esa época. Sin embargo, el excelente guión, donde se alternan bien los momentos dramáticos con otros de depurada ironía, nos lleva hacia algo bien distinto. Y esto es que las personas orilladas por la sociedad  pueden, con esfuerzo, recuperar su dignidad mediante lo único que les queda: el apoyo mutuo, que no es otra cosa que solidaridad.
A destacar el excelente trabajo interpretativo de los dos protagonistas, Juanjo Menéndez y José Isbert (éste último sencillamente genial, como siempre), ayudados por el ingenioso guión que perfila perfectamente sus personalidades contrapuestas pero no opuestas. La chica, interpretada por Julia Martínez (famosa años después por La casa de los Martínez) demuestra también una buena dosis de talento y recuerda, en cierto modo, a las primeras interpretaciones de Claudia Cardinale (en las citadas películas de Monicelli).
La película, se puede descargar en el siguiente enlace de la web Largo 00 y Danky:
http://largo00ydanky.blogspot.com.es/2013/08/fulano-y-mengano-1959satripcomedia1fich.html


Para finalizar una pequeña reflexión que viene al caso. Cada vez estoy más convencido de que el cine español actual es muy deficiente (con sus muchas excepciones) en comparación con el que se hacía hace 50 años o más. Es algo que afecta también, aunque en menor medida, a otras cinematografías europeas, como la italiana o la francesa. La razón puede esta en lo que ya apuntaba Luis García Berlanga hace años. Antes, para bien o para mal, había una industria consolidada y, sobre todo, había mejores ideas y me atrevo a decir que mucho mejores actores. ¿Dónde estan el Pepe Isbert o el Berlanga de hoy? Además, no existía esa obsesión por trasplantar aquí los éxitos que nos llegan de fuera y sí una decidida  voluntad de crear una cinematografía con idiosincrasia propia. Por supuesto, estaba la censura, pero siempre había alguna manera de saltársela para despistar al censor. Bastaba, como muy bien hacía Berlanga, con introducir algún guiño argumental nacionalcatólico o darle vuelo a algún personaje tramontano, tan del gusto del régimen de entonces.  Desde ese momento, el guión obtenía la bendición oficial y podía conservar entre líneas su otra lectura sutilmente crítica. En cambio ahora, lo que más falta hace es precisamente aquella imaginación. A la falta de ideas se une el pésimo trabajo de los directores, que arrastran en su desidia a los actores, de forma que ver una película española actual es arriesgarse a sufrir aburrimiento y hasta a sentir vergüenza ajena. No es de extrañar que sea así si pensamos que el cine actual (tal vez de forma inevitable) es un organismo subvencionado desde hace demasiado tiempo. Habrá quien crea que hago una crítica devastadora, pero se trata de una opinión personal y tengo derecho a expresarla, sobre todo porque los propios profesionales del medio son incapaces, parece, de asumir la imperiosa necesidad que tiene nuestra cinematografía de reinventarse, tal vez volviendo a las raíces. Por el contrario, sin el más mínimo asomo de autocrítica, desvían el problema hacia otros asuntos, como la crisis de las salas de cine o la progresiva merma de subvenciones, que también cuentan, pero no son la raíz verdadera de problema.

lunes, 30 de junio de 2014

Inspiración Cero (metapoesía de la Nada)


Hay momentos, como el actual, en los que no puedo escribir. Tengo proyectos (un libro de cuentos por terminar, por ejemplo) y no puedo atenderlos porque no encuentro las ideas necesarias en mi mente bloqueada. Peor aún que no hallar ideas es no encontrar esas palabras que en otras situaciones surgen con fluidez. No hay explicación posible para tal sequía, no se trata de mi estado de ánimo, ni de mi falta de capacidad (en otros momentos claramente sobrada). Podría tratarse de letargo de las neuronas literarias, intimidadas, tal vez, por un exceso de auto exigencia, pero podía ser cualquier cosa. En estas situaciones, lo mejor es olvidarse para no caer en la desazón y tratar de escribir algo, lo que sea, para engañar al jodido orgullo. O, más fácil aún, rescatar un viejo escrito como este poema que publico hoy, que habla, precisamente, de lo que digo. Lo compuse hace tiempo en otro momento similar y, advierto, tiene doble sentido: por un lado, se refiere a la falta de inspiración y, por otro, a una suerte de masturbación mental que se apodera de mi ánimo en esta tesitura. Eso demuestra que se puede escribir de todo, incluso de la terrible sensación de no poder escribir nada. 
El poema es muy breve y dice así:

INSPIRACIÓN CERO

Lloronas las horas
pesan sobre mi pluma.
Perezosa,
niégase a vibraren la hoja,
Lobuna, 
refleja un rayo de luz de luna
sobre su lomo de nácar rosa. 


miércoles, 25 de junio de 2014

Google y las letras del alfabeto


Hoy estoy con el día tonto y he decidido hacer un experimento "sociológico" valiéndome del omnipotente navegador Google (que parece tener todas las respuestas) y encierra, como se verá, más de un misterio. Mi experimento consiste en poner en la barra de búsqueda sólo las vocales del alfabeto, pero sin darle al enter, sólo para ver qué información encabeza la lista de sugerencias. Así:



Por supuesto, ha de ser el buscador de España (en sus cuatro idiomas oficiales), porque, como he podido comprobar, es imposible acceder a otros de idiomas diferentes desde mi ordenador español. El resultado (sea en castellano, catalán, gallego o vasco) resulta bastante llamativo:

  • a: As (diario deportivo)
  • b: BBVA
  • c: Carrefour
  • ch: Chat Terra (chat de esta plataforma multimedia)
  • d: Dropbox (alojamiento informático)
  • e: El tiempo
  • f: Facebook
  • g: Gmail
  • h: Hotmail
  • i: Instagram
  • j: Junta de Andalucía
  • k: Kayak (buscador turístico)
  • l: La Caixa
  • m: Marca (diario deportivo)
  • n: Noticias
  • ñ: Ñengo Flow (cantante puertorriqueño de reggaeton)
  • o: Outlook
  • p: Pull and Bear
  • q: Quiniela
  • r: Rojadirecta  (canal TV online mejicano)
  • s: Series.ly (plataforma para compartir vídeos on line)
  • t :Traductor
  • u: Unicaja
  • v: Vodafone
  • w: Wordreference (diccionario on line)
  • x: Xalaca (plataforma informática)
  • y: Youtube
  • z: Zara
Y ahora, siguiendo con este jueguecito, voy a exponer una serie de datos que ni siquiera pretenden ser conclusiones, pero algo hay que decir.
Como se ve, encabezan la lista las plataformas relacionadas con aplicaciones informáticas, con 8 ejemplos, sobre todo redes sociales, lo cual tiene mucha lógica. Se supone que son "indesbancables".
Después, con 3 resultados, webs relacionadas con el deporte, con dos diarios futboleros y una plataforma de tv mejicana dedicada al balompié. Tampoco resulta extraño, dado el grado de futbolitis de este país. También hay tres bancos, pero ¿por qué precisamente estos bancos y no otros? ¿Por qué aparece Unicaja en la u y no el Santander en la s, un banco mucho más potente? 
Llamativo, sin duda, resulta ver en la lista al tal Ñengo Flow (un regetonero de Puerto Rico) en relación a la españolísima letra ñ. Mucha más lógica tiene la aparición de la web Kayak para encontrar vuelos u hoteles, o las presencias de Carrefour o Vodafone, dos multinacionales con muchos clientes.
Si restamos a estos resultados las dos cadenas de ropa, nos quedan ya sólo webs o buscadores que cumplen, más o menos, un servicio público y no están centrados puramente en intereses comerciales. Pero ¿cuántos? Pues sólo seis, la Junta de Andalucía (¿tanta relevancia para la web de una autonomía?), un buscador del tiempo, otro para noticias, otro para las quinielas, un diccionario y el traductor de google.
Para mí seria mucho más lógico encontrar más entradas generalistas, como "política" en la p (lugar ocupado por Pull and Bear), China en la ch, Brasil (ahora que hay mundial) en la b, cine en la c, hotel en la h, wikipedia en w, ministerio para la m, etcétera. Y, por supuesto, la definición de las propias letras. O que apareciese twitter en la t como aparece facebook en la f. 
Antes de que alguien se me eche encima y diga que estoy alucinando o pergeñando una de tantas teorías conspirativas, advertiré que esto sólo es un experimento un tanto extravagante, nacido del aburrimiento y el azar, y los resultados a los que me refiero sólo aparecen en la barra sin pulsar el enter. Si se pulsa el enter, la cosa cambia y es aún más desconcertante. Pruebe el que quiera. 

viernes, 20 de junio de 2014

A la mierda el fútbol

Hace unos meses escribí en este mismo blog un artículo sobre fútbol. Ahora que lo he releído, he visto que en él me mostraba demasiado condescendiente con este deporte; o, mejor dicho, con este espectáculo de distracción masiva. 
Pues bien, siempre se puede rectificar y, visto lo visto, ya no pienso de modo tan ingenuo y no me queda más remedio que  afirmar que el fútbol, tal cual realmente es, se ha convertido en un instrumento de manipulación masiva. Me temo que, tal como sostenía en el anterior artículo, queda muy poco en él de deporte y mucho menos de práctica saludable. Más allá de la infancia, desde el momento en que dejamos de jugar en el patio de colegio para pasar a contemplarlo en el televisor, toda la inocencia que pudiese tener su saludable práctica se diluye para convertirse en una actividad adocenante y lobotomizadora.

Ya sé que tan rotundas afirmaciones se oponen radicalmente al viento dominante, que coloca al fútbol como la nueva religión, ésa según la cual si España volviese a ganar el Mundial, tal como nos repetían machaconamente, seríamos el pueblo elegido, de nuevo. Para poner velas a este santo, se le ofrecieron a los jugadores 730.000 euros de prima a cada uno, lo que sumaría alrededor de 20 millones de euros en total, quizás más; o sea el doble que a cualquier otro equipo, incluido el brasileiro. Pues bien, no ha bastado la fe en la victoria (hace falta algo más que fe) ni el aliciente para animar a los ya millonarios futbolistas; hemos caído a lo grande, incurriendo en el más espantoso ridículo y ahora toca mirar al suelo, el lugar donde realmente nos encontramos. España, también en balompié, está hecha unos zorros y eso debería servirnos de reflexión para levantarnos; levantarnos del suelo y luchar por nuestros derechos esquilmados por una política teledirigida por los bancos extranjeros, los fondos de inversión, las agencias de ráting y sus cómplices nacionales.  
Y yo me pregunto si este batacazo, que sin duda habrá resquebrajado la fe en el dios balón de tantos millones de españoles, servirá para algo. Sólo digo, ójala, aunque resultará difícil, pues la máquina del deporte de salón y lata de cerveza no para nunca de vomitar basura ni jamás pide responsabilidades por los pecados extradeportivos (dóping, contratos fraudulentos, partidos amañados, etcétera). No, eso iría en contra de la credibilidad y hasta de la seguridad nacional.


Pues bien, este Mundial de Brasil sigue y, con él, la obscenidad moral en que se ha convertido el fútbol de masas. Pese a los esfuerzos por disimular el descontento social en contra del despilfarro de 40.000 millones de dólares que podrían haber ido a parar a problemas sangrantes y más urgentes, pese al peregrino argumento de que no se deben mezclar deporte y política (más gastado que el chupachups de Tutankammon), miles de manifestantes se concentran cada día frente a los estadios con lemas tales como "Ya tenemos circo, ahora nos falta el pan" o "FIFA, jódete, devuélvenos el dinero". ¿Cómo estarán las cosas para que surja un movimiento así en un país que adora el fútbol y lo considera su seña de identidad? Deben estar muy mal, debe haber quedado meridianamente clara para una buena parte de los brasileños la enorme distancia que media entre la política de Dilma Rousseff y la inmensa mayoría de su población. Ya se sabe que los escasos ricos en ese país lo son mucho. Y lo curioso es que esta señora, con pinta de maruja trasnochada, es jefe de un gobierno nacido del Partido de los Trabajadores (comunista, al menos en teoría), lo cual no le ha impedido caer subyugada por el canto de sirena (léase maletines y puertas giratorias) de los grandes cenáculos financieros y de las multinacionales que esquilman, especialmente, Latinoamérica. Así, Dilma y sus secuaces, siguiendo escrupulosamente las recomendaciones de los hombres de negro, imponen sin pestañear a sus votantes brutales recortes para despilfarrar ese hachazo a la hucha común en estadios que han llegado al inicio del mundial cogidos con pinzas. 

Dilma Roussef a lo suyo: usar los medios de comunicación oficiales para mentir.
Y, si hay protestas, demostrando una cintura democrática admirable, simplemente echan mano de la porra y hasta de la pistola. De la porra para machacar cualquier manifestación de protesta (propiamente como la república bananera que es Brasil); de la pistola, en una operación que aplaudirían los nazis, para asesinar niños de barrios conflictivos. Sí digo bien, asesinar como a ratas a pobres niños marcados por la miseria y olvidados por todos, cuya único delito es no haber visto otra cosa en su vida que delincuencia y malos tratos, sin más ayuda del gobierno para salir de ese callejón sin salida que un tiro en la nuca. Aquí una noticia bien fundamentada, aunque oculta por los grandes medios, de lo que afirmo. 


¿Cuál es la razón de esta barbarie? Ni más ni menos que la de evitar que esos pequeños delincuentes espanten a los turistas, a esos visitantes panzudos que llegan para gritar furibundos en los estadios y ver culos en las playas. Esta voluntad de salvaguardar a tan selecta clientela les ha llevado, además, a desahuciar a cientos de miles de ciudadanos pobres porque sus cochambrosas viviendas caen cerca de los estadios o en zonas turísticas. Sin avisar, con nocturnidad y con indemnizaciones irrisorias. Bien distinto ha sido el tratamiento en los barrios ricos cercanos.
Por todo esto y por algo más, por la comisión de asesinatos e injusticias que conlleva, voy a gritar fuerte y alto: ¡A la puñetera mierda el fútbol y el mundial! Y me alegro de la eliminación, al menos nos ahorraremos unos cuantos millones y, lo que es mejor, ya los defensores del régimen de corruptos no podrán argüir ese sofisma tan de su gusto según el cual si la selección va bien, España va consecuentemente mejor. 

jueves, 12 de junio de 2014

Nebraska (2013): conmovedoramente sencilla




Ayer mismo vi la estupenda película Nebraska (2013), una historia capaz de sacarle todo el partido a la sencillez cinematográfica. Para empezar, está rodado en blanco y negro, lo que le otorga una sobria elegancia, especialmente visible en las panorámicas que, de tanto en tanto, a modo de transiciones, se ofrecen del profundo Medio Oeste estadounidense. Después, la dirección de actores es simplemente magistral, destacando entre ellos la interpretación de Bruce Dern, eterno secundario que aquí demuestra su enorme potencial y borda el papel del anciano Woody Grant, como reconoció el jurado del pasado festival de Cannes al concederle la Palma de Oro al mejor protagonista. No así la academia de Hollywood, que sólo le reconoció como candidato. 
Aparte de Dern y sus otros compañeros de reparto, el principal responsable de esta obra maestra de cine independiente es su director Alexander Payne, autor de otras cintas maravillosas que hablan de gente corriente, como "Entre copas" (2014), magnífico melodrama protagonizado por Paul Giamatti, "A propósito de Schmidt" (2005), donde el protagonista es un viejo conocido de Dern, nada menos que Jack Nicholson, o "Ruth, una chica sorprendente" (1996), triste pero conmovedora historia de una yonki protagonizada por la hija de Bruce, Laura Dern. En todas ellas, el cineasta demuestra una innata habilidad para, con un bajo presupuesto, lograr historias muy creíbles gracias, sobre todo, a cuidados guiones, entre la comedia y el drama, y a interpretaciones muy logradas. Pero es en ésta, Nebraska, donde alcanza, a mi entender, su cénit. Por cierto que parecer ser que el principal promotor de esta producción fue Bruce Dern, que se enamoró del guión de Bob Nelson y no paró hasta que convenció a Payne.

La historia, sencilla como un cuento, narra la aventura de un viejo chiflado que enreda a su hijo pequeño en un viaje absurdo, en busca de un falso premio de lotería, uno de esos trucos publicitarios para hacer picar a incautos y no tanto. Pero la testarudez del anciano es tal que decide echarse a la carretera con tal de viajar por cualquier medio hasta Lincoln, Nebraska, sede de la compañía que ofrece el falso millón de dólares. Intentando evitar males mayores su hijo, estupendo Will Forte, decide seguirle la corriente y acompañarle. En ese viaje se detendrán en la localidad de nacimiento de Woody, donde todo el mundo cree que realmente su paisano es millonario. La codicia desata entonces una serie de acontecimientos que servirán para unir a la familia de Woody, no demasiado avenida hasta entonces, y para poner en evidencia la descomposición de la sociedad norteamericana, tema éste omnipresente en el cine de Payne. 
Esta historia, que podría haber dado poco de sí de no producirse una brillante conjunción de estrellas, deviene en una cinta conmovedoramente sencilla que arranca igual carcajadas que lágrimas. Para completar el conjunto, la banda sonora y la fotografía rayan a gran altura, a tono con la narración, y el final deja buen sabor de boca y sugiere que los deseos, por locos que parezcan, siempre son útiles porque, en última instancia, resultan un acicate para sobrellevar la existencia.
La película puede encontrarse en internet con buena resolución doblada al castellano o en VOS. No voy a pillarme los dedos y poner los enlaces. Para eso está Google.

Alhambra inadvertida: Al borde del Extasis

Sueño, fantasía, visión maravillosa, belleza indescriptible... son algunas de las palabras que pueden pasar por la mente de quien contempla,...