viernes, 7 de agosto de 2015

Ronda: la ciudad de las cien miradas (II)



Santa María la Mayor. Fuente; codiazfer,blogspot,com

Callejeando, llegamos hasta la Iglesia de Santa María la Mayor, que, como de costumbre, se asienta sobre el antiguo solar de la mezquita aljama. De época musulmana apenas se conserva parte del mihrab, junto a la puerta de acceso. Vale la pena hacer un esfuerzo para imaginar qué aspecto podría presentar esta zona a finales del Califato y durante los algo más de cincuenta años de vida de la taifa beréber de los Banú Ifrán. El alminar de la mezquita se elevaría sobre el resto de los edificios; muy cerca, habría un gran baño para atender a los fieles antes de ir a la oración. Y los zocos, con sus tiendas-taller, las alcaicerías de joyas y perfumes y las alhóndigas para almacenar mercancías y dar cobijo a los mercaderes, formarían un abigarrado trazado urbano sobre lo que hoy es un espacio despejado: el parque de la duquesa de Parcent. Más allá de los zocos, dominando la medina a un lado y al otro del camino de Algeciras, se levantaba la gran alcazaba en el lugar donde hoy está el colegio salesiano. En este punto, sin duda uno echa de menos más que en cualquier otro sitio la antigua fortaleza que, hace apenas cien años, era todavía una corona perfecta para una ciudad muralla.

Rincón de un foco de Marruecos. Fuente: http://www.carnets-voyages.org/

En cualquier caso, aún podemos adivinar buena parte del recinto murado a los pies de la antigua alcazaba. Era este flanco nororiental el más vulnerable, la zona donde la ciudad, desprovista de la barrera natural que en el norte forma la garganta del Guadalevín, se encontraba más desnuda. Nos dirigimos hacia la puerta de al-Mocábar, situada algo más abajo, en la salida de Algeciras. Su nombre, recuerda José Manuel Castaño, hace alusión directa al cementerio, o maqabir, que existía extramuros. Sobre las tumbas musulmanas construyeron los cristianos el barrio de san Francisco, nada más tomar la ciudad. Esta puerta y los paños que la envuelven se encuentran admirablemente conservados pero presentan un elemento extraño: una puerta renacentista de tiempos de Carlos V. Eso era algo común, una forma con la que los cristianos reafirmaban su poder sobre los conquistados.


1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

Realmente interesante... Tengo que ir !

Saludos

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