jueves, 12 de junio de 2014

Nebraska (2013): conmovedoramente sencilla




Ayer mismo vi la estupenda película Nebraska (2013), una historia capaz de sacarle todo el partido a la sencillez cinematográfica. Para empezar, está rodado en blanco y negro, lo que le otorga una sobria elegancia, especialmente visible en las panorámicas que, de tanto en tanto, a modo de transiciones, se ofrecen del profundo Medio Oeste estadounidense. Después, la dirección de actores es simplemente magistral, destacando entre ellos la interpretación de Bruce Dern, eterno secundario que aquí demuestra su enorme potencial y borda el papel del anciano Woody Grant, como reconoció el jurado del pasado festival de Cannes al concederle la Palma de Oro al mejor protagonista. No así la academia de Hollywood, que sólo le reconoció como candidato. 
Aparte de Dern y sus otros compañeros de reparto, el principal responsable de esta obra maestra de cine independiente es su director Alexander Payne, autor de otras cintas maravillosas que hablan de gente corriente, como "Entre copas" (2014), magnífico melodrama protagonizado por Paul Giamatti, "A propósito de Schmidt" (2005), donde el protagonista es un viejo conocido de Dern, nada menos que Jack Nicholson, o "Ruth, una chica sorprendente" (1996), triste pero conmovedora historia de una yonki protagonizada por la hija de Bruce, Laura Dern. En todas ellas, el cineasta demuestra una innata habilidad para, con un bajo presupuesto, lograr historias muy creíbles gracias, sobre todo, a cuidados guiones, entre la comedia y el drama, y a interpretaciones muy logradas. Pero es en ésta, Nebraska, donde alcanza, a mi entender, su cénit. Por cierto que parecer ser que el principal promotor de esta producción fue Bruce Dern, que se enamoró del guión de Bob Nelson y no paró hasta que convenció a Payne.

La historia, sencilla como un cuento, narra la aventura de un viejo chiflado que enreda a su hijo pequeño en un viaje absurdo, en busca de un falso premio de lotería, uno de esos trucos publicitarios para hacer picar a incautos y no tanto. Pero la testarudez del anciano es tal que decide echarse a la carretera con tal de viajar por cualquier medio hasta Lincoln, Nebraska, sede de la compañía que ofrece el falso millón de dólares. Intentando evitar males mayores su hijo, estupendo Will Forte, decide seguirle la corriente y acompañarle. En ese viaje se detendrán en la localidad de nacimiento de Woody, donde todo el mundo cree que realmente su paisano es millonario. La codicia desata entonces una serie de acontecimientos que servirán para unir a la familia de Woody, no demasiado avenida hasta entonces, y para poner en evidencia la descomposición de la sociedad norteamericana, tema éste omnipresente en el cine de Payne. 
Esta historia, que podría haber dado poco de sí de no producirse una brillante conjunción de estrellas, deviene en una cinta conmovedoramente sencilla que arranca igual carcajadas que lágrimas. Para completar el conjunto, la banda sonora y la fotografía rayan a gran altura, a tono con la narración, y el final deja buen sabor de boca y sugiere que los deseos, por locos que parezcan, siempre son útiles porque, en última instancia, resultan un acicate para sobrellevar la existencia.
La película puede encontrarse en internet con buena resolución doblada al castellano o en VOS. No voy a pillarme los dedos y poner los enlaces. Para eso está Google.

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