miércoles, 18 de mayo de 2011

Brevato 2



ATRACO-BICI

El ladrón, llamémosle señor Joint, aparcó la bicicleta tranquilamente junto a la puerta del banco. Llevaba una gabardina y una amplia gorra de colores que le cubría buena parte de la cara. Había poca gente, así que decidió no perder tiempo. Al cruzar la puerta, tiró de un pañuelo que llevaba anudado al cuello para taparse la cara. Luego, sacó el revólver sin balas que llevaba mientras calibraba la situación. No pudo evitar que el cajero activara la alarma que avisa a la Policía, pero eso no le preocupaba al señor Joint. Lo tenía todo calculado, así que, con calma y hablando con voz pastosa por culpa del pañuelo, pidió al director que le abriera la caja fuerte. Como éste dudaba le encasquetó el cañón en la sien sin decir palabra. Al tiempo, ordenó a los dos únicos clientes presentes que se pasaran al otro lado del mostrador, junto al cajero. El director, visiblemente nervioso y con las manos levantadas, accedió a caminar hacia la caja fuerte. Tras un momento de zozobra, sus piernas volaron hacia ella como impulsadas por un resorte y la abrieron. Seguramente el hombre pensaba en su familia antes que en el banco, así que aquel atraco quedó resuelto en de dos minutos, menos de lo que tardaría en llegar cualquier policía. El señor Joint salió por la puerta con la misma tranquilidad que había entrado, se quitó la gabardina y descubrió su vistosa ropa, tan colorida como su gorra. La calle estaba atestada a esas horas de tráfico, algunos conductores tocaban impotentes sus bocinas, apremiados por la prisa, también sonaba a lo lejos la sirena de un coche patrulla... El señor Joint sonrió, mientras encendía una trompeta. El conductor del automóvil que había junto a su bicicleta pensó que tenía un aspecto horrible, mientras él se alejaba por la acera, sorteando viandantes, dejando tras de sí un aromático rastro y con una bolsa repleta de dinero. 

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