lunes, 29 de julio de 2013

LA ALHAMBRA DE LAS MIL Y UNA MIRADAS (1)




Inicio hoy una serie de artículos alrededor de la Alhambra, ese monumento que, cuanto más se conoce, más fascina. Lo curioso del caso es que, aparte sus estampas más tópicas, la esencia del recinto alhambreño (pues cabe hablar más de una amplia ciudadela que de un limitado conjunto de palacios) sigue siendo ignorada en la ciudad sobre la que se asienta. O, mejor dicho, la ciudad sigue ignorando a la verdadera Alhambra, como si mediase entre ambos espacios un foso invisible, cuyos dos muros son la indiferencia y la ignorancia. Cabe pensar que dicha inercia histórica no existía en época nazarí, dado que entonces la Alhambra era parte y corte de Granada, un lugar de visita obligado al que debían acudir tarde o temprano todos para resolver asuntos de muy diversa índole.
Una cosa es cierta: hoy como ayer, la ciudadela nazarí resulta cautivadora tanto para el foráneo como para el granadino que se atreva a atenderla, olvidando la pátina de tópicos que la envuelven y que, seguramente, es la causa última de la repulsión que siente hacia ella. Ánimo a todos los que pasen por estas páginas electrónicas a que sigan estas refrescantes reflexiones sobre un lugar único y capaz de despertar 1.001 miradas, donde hasta el más retirado de sus rincones se convierte en catalizador de los sentidos.



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