domingo, 26 de agosto de 2012

Nuestro pequeño paraíso


Uno de los "caracoles" del monte que hay a nuestra espalda.

Acabamos de regresar mi mujer y yo de nuestro pequeño paraíso en la Sierra de Segura. Nuestro rincón se llama la Huelga del Centenar (ni siquiera aparece en Google) y está en Segura de la Sierra (el pueblo que da nombre al macizo homónimo), cerca de mi pueblo, Orcera. Durante dos semanas hemos estado sin televisión, sin internet y sin teléfono (teníamos que bajar a Segura para llamar si era preciso). Y en la gloria, oye; más que en la gloria, casi tocando el cielo porque por las noches, gracias a que hubo luna nueva, veíamos con toda nitidez la Vía Láctea y toda su cohorte de constelaciones. Especialmente clara se apreciaba la Osa Mayor (en Corea, el país de mi mujer, la llaman "El cucharón" con toda lógica). 


Luego, durante el día, disfrutábamos de la lectura, veíamos películas (nos llevamos un ordenador, desde luego), comíamos, bebíamos... o caminábamos por la tarde cerca del cortijo. Ascendimos al Calar de Los Caracoles, que hay sobre nosotros. Aqui un vídeo de la perspectiva que se ve desde ese calar, llamado así por los pedruscos que, en forma de caracoles, abundan en sus tajos.


Esta perspectiva muestra primero la mole del Yelmo (pico que es el emblema de Segura), luego la cima del propio pico donde estaba, continuando a oriente hacia el calar de Navalespino (una gran hoja de navaja que rasga el cielo) para terminar con la suave loma del calar de Peña Rubia, frontero al de los Caracoles. 
Un dia cogimos el coche para ir al río Segura, donde desemboca el Río Madera que hay a nuestros pies. Cerca de la aldea de La Toba, que por cierto tiene un bello nacimiento de agua, hay un embalse, el de Las Anchuricas, que parece un lago mágico de aguas entre verde esmeralda y azul turquesa. He aquí una perspectiva de casi todo él, con mi mujer como una flor más en este increíble paraje, disfrutando del aire serrano, cargado de aromas de plantas y árboles mediterráneos.


Podría ser el lugar donde la Dama del Lago guarda la espada de Arturo, Excalibur, je, je, je.. Luego, nos dimos un baño en el Segura, mientras en el cielo se preparaba una tormenta. De hecho, todavía estábamos en el agua cuando empezó a llover. 
En la Sierra de Segura todo es más limpio, puro y auténtico; y no es un eslógan. Es una zona poco visitada, por suerte para nosotros. Todo el mundo se queda en Cazorla y nos dejan en paz. Los animales salvajes se detienen a verte con curiosidad, eso ocurrió con una corza que me tropecé en una de mis subidas al calar cuando ella bajaba al río a beber agua al atardecer, como es costumbre de estos cérvidos. Al contrario que sus compañeros que huyeron tan pronto me vieron, ella se detuvo un instante y me miró de reojo; también ocurrió lo mismo con una lagartija de Valverde (especie endémica de estas sierras) que, coqueta, se detuvo sobre una roca y me permitió que la fotografiase, cosa poco habitual. 
Lagartija de Valverde, llamada así por su catalogador, endémica de estas sierras.
En este mi pequeño paraíso, las mariposas juguetean gozosas entre las ramas de espliego mientras recolectan néctar y hasta las picaduras de insectos son menos agresivas (mi mujer, que es alérgica veía asombrada como sus picaduras apenas le afectaban, cosa que nunca ocurre en casa, donde sufre grandes hinchazones). 
Es cierto. Tenemos la suerte de disfrutar de un pequeño paraíso siempre que queramos. Pero ( y no quiero sino hablar de la realidad) lo que encuentro al regreso es que la miseria avanza, a la par que la desvergüenza de la clase política. Una vez que acaben las vacaciones, mi deseo es que todos empleemos una parte de nuestras renovadas energías en ser mejores personas y otra en hacer que los demás también lo sean. Unidos, hasta el final y hacia un mundo más puro y auténtico. Y si no es así, me autoexilio a mi paraíso. Encontraré la manera.

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