jueves, 20 de abril de 2017

Cuento egipcio de gatos y niños (y IV)



Kiya caminaba con una rara dignidad, como si la acompañaran heraldos divinos. Recorrió unas cientos de varas, hasta una cueva oculta en el pliegue de una cárcava. Antes de entrar, la niña se volvió hacia la multitud y se llevó el dedo a los labios para pedir silencio. Luego, con otro gesto sordo ordenó a todos que permanecieran fuera. Poco después salía con tres gatitos entre sus brazos, lo que despertó una exclamación general de admiración. Tras ella, la madre de los cachorros caracoleaba dócilmente entre sus piernas. Ora aullaba tímidamente, ora gemía entre ligeros espasmos, mirando hacia sus cachorros para que le fuesen devueltos. La concurrencia retrocedió espantada. Resultaba inaudito que un ser humano, mucho más siendo una niña, hubiese sido capaz de domeñar a una fiera.




-      — Siempre ha sido una bruja, le viene de casta –dijo una vieja de entrecejo fosilizado, recordando a la abuela de Kiya.
-      — Ese animal salvaje parece tan dócil como nuestros perros.
-      — Sí, pero un perro sirve para algo, vigila, defiende el ganado de los chacales o los guepardos. ¿Para que necesitamos a esta bestia impredecible?
-      — Yo os diré para qué –dijo la niña, acallando dimes y diretes-. Si permitís que se quede, si no la matáis –añadió desafiando la mirada furibunda del anciano Zahur-, cazará para nosotros.
Semejante afirmación, que a todos se antojaba un disparate, levantó una batería de carcajadas y reavivó el murmullo. Kiya los miró con rabia:  
-    —   Reid cuanto queráis, pero ella ya caza para mí; sin siquiera pedírselo me entrega pájaros, lagartijas y, un montón de ratones. Yo mismo la he visto sacarlos de vuestros preciosos graneros.
Se hizo el silencio durante un largo instante, hasta que intervino al fin Issey, padre de la niña.
-     —  ¿No os dais cuenta? Los dioses se sirven de mi hija para librarnos de ratas y ratones, nuestra peor preocupación.



Todos comprendieron al instante que no podían despreciar un regalo divino y, desde entonces, el gato acompaña al hombre. Incluso el viejo Zahur. que amaba a su granero por encima de todas las cosas, amó también a los que serían sus guardianes. Tanto que, con sincero respeto, preparó un lujoso enterramiento para el gato que había asesinado, esperando ser perdonado algún día.


4 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy bueno...

Jesus Cano dijo...

Gracias. Como siempre muy atento. Saludos.

Unknown dijo...

Me gusta ☺

Jesus Cano dijo...

Agradecido.