domingo, 16 de abril de 2017

Cuento egipcio de gatos y niños (I)



Se dice, con mucha razón, que los primeros gatos se domesticaron en Egipto. Esta es la historia de cómo fue domada esta bestezuela que lleva acompañándonos miles de años….

Pero comenzar, trasladémonos a un tiempo muy posterior a cuando el gato fue domesticado, pero aún así muy viejo: el del faraón Keops, constructor de la gran pirámide de GhizaPero, aunque estemos en la corte del más grande constructor de Egipto, él no es el protagonista. 


Todo empieza cuando su pequeño nieto, el príncipe Micerino, de apenas cuatro años, juega en palacio con una gata y su camada de gatitos. La gata lleva un cascabel verdeazul de cobre calado, del mismo estilo que el medallón que porta el príncipe. Esas joyas son el vínculo entre ambos de por vida. Los cachorritos, como su madre, tienen capa atigrada, cuerpo esbelto y largas patas de gato salvaje.


El pequeño, bien atendido por niñeras imperiales, ve poco a sus reales progenitores, secuestrados por compromisos sociales. Ahora su padre, Kefrén, es de facto el gobernante de Egipto. El verdadero faraón, su abuelo Keops, ha delegado en su hijo, obsesionado con su complicado mausoleo. La construcción de una Esfinge monumental, que ahora le absorbe, es sólo una etapa hacia la gran pirámide, la mayor obra jamás construida.



Pero nada de esto puede saber el niño, futuro emperador que luego levantará la tercera pirámide. Es demasiado pequeño, incluso, para acordarse de sus padres. Tiene en la gata y los gatitos la mejor compañía.  


Y, por si fuera poco, la protege la diosa Bastet [1]. En la gran habitación hay un oratorio reservado a esta divinidad, mitad gata, mitad mujer, que representa las cien virtudes y capacidades femeninas.


Su preciosa gata, el cascabel y el medallón fueron regalo de una mujer, su madre. La princesa, como todas las madres, cree firmemente en la diosa Bastet, quien, mediante el animal, protegerá a su hijo de los malos espíritus. Nada de eso sabe el pequeño príncipe, que simplemente disfruta amando y dejándose amar por sus gatos.
Lo que sí conoce, porque lo ha oído del contador de cuentos real, es la historia de la pequeña Kiya, quien, hace muchos siglos, con su inocencia, entregó a Egipto un regalo de los dioses.

(Continuará...)




[1] Bastet, relacionada con la Luna y representada a veces con cuerpo de mujer y cabeza de gata o simplemente como gata, era venerada hace 5.000 años, época de este relato. Divinidad no sólo de la felicidad, también de la paz, las artes, la música y la danza, la fertilidad, la sexualidad, la maternidad, el matrimonio, la benevolencia, el placer, la intuición y la curación y protección contra enfermedades y malos espíritus.

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy bueno...

Jesus Cano dijo...

Gracias. Espero que leas la continuación.

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